Viva Honduras
Las tarjetas están perfectas, me indican cuando entro, quién habla, qué digo y cuándo salgo. Aquí desaparezco, luego salgo, llamo a los Reyes y empiezo a leer los nombres de premiados de este año. Concluyo dando las gracias, cuando todo estalla:
— (alguien) ¡Te falta uno! ¡Falta un premiado1
— (yo) No, no, ya los he leído todos
— (otra voz) falta uno, sí, ¡Alba!
Se me acerca el edecán del Rey y, con delicadeza me sugiere retroceder a la tarjeta anterior. Susurrando me dice:
— se ha saltado esta
— ¡Es verdad! Gracias— le digo sorprendido, pero también susurrando
Me disculpo ante la audiencia, con una sonrisa y un “perdónenme, los nervios” pero en realidad no había nervios, era simplemente que pasé dos tarjetas de una vez sin darme cuenta. Doña Letizia, en el escenario, sale de la formación y se dirige a mi:
— ¿Estás bien, Javier?
Agradezco sus palabras, pero me llegan ya ensordecidas, como si todo se estuviese ralentizando. Mi mente acaba de viajar a El Salvador cuando veinte años atrás, Federico Trillo gritaba aquello de “¡¡Viva Honduras!!” que continuó con una disculpa y una frase que ahora, frente a los Reyes de España, quinientas personas y dos docenas de cámaras, está resonando en mi cabeza al máximo de reverberación:
— La prensa dará cuenta de ello.
Por una décima de segundo dudé ¿sería pretencioso hacer la broma o se lo tomarían con humor como yo lo estaba viviendo? Decidí no hacerla, por el riesgo de que pareciese mofa a Federico Trillo. Pero sí, la prensa dio buena cuenta de ello:
Anécdotas aparte, el año tiene 365 días. De esos, el Rey (y la Reina) le dedican *al menos* uno a la innovación y el diseño. Ojo, hablo de la mayor autoridad del país. Viaja, lee un discurso (bastante bueno, por cierto), atiende, escucha, conversa, muestra interés y demuestra tener la información correcta. No sé qué hará al día siguiente, pero ese día, desde luego, está en cuerpo y alma. Él y la ministra, y la secretaria general y la jefa de servicio y un equipo tremendo de personas dispuestos a que todo funcione, tras meses trabajando en ello. Habrá quien se queje de que el diseño no tiene “el lugar que merece”. Viendo lo que he visto, diría que tenerlo lo tiene. Otra cosa es que no entendamos lo que se nos ofrece o no lo sepamos aprovechar.
Me queda siempre la espinita de que no haya más premios a nuestro ámbito de diseño. Los de “lo digital”, los rebeldes, los raritos… Se mira al diseño digital como si fuese el alevín de la familia, pero la nuestra es la forma de diseño que más impacto tiene hoy en la sociedad, la que más presupuesto maneja y la que más prosperidad está creando. A ver si nos lo vamos creyendo.
¿Merece la pena quejarse? Yo creo que merece la pena ocupar espacios. Por naturaleza, el diseño digital es expansivo: queramos o no, va a conquistar todos los terrenos en los que pueda existir. Conscientes de eso, ¿por qué nosotros, diseñadores, creadores de productos digitales, no decidimos ocupar también esos espacios que se nos ponen a tiro? ¿Porqué hay tan pocas candidaturas de diseño digital en los premios y certámenes? O incluso ¿por qué no tenemos nuestros propios premios?
Nos pasa que nos vemos como sector, como un contenedor estanco, cuando en realidad somos un rayo de luz —o un láser— que los atraviesa todos inevitablemente. Los equipos de diseño de Cabify, de Filmin, Velada o BBVA son sector diseño, sí, pero más aún son movilidad, cultura, hostelería o banca. ¿Se entiende la idea?
En la Mallorca ancestral, el hijo mayor de una familia heredaba las tierras de labranza, el segundo era militar o cura y el tercero, si lo había, recibía las tierras del litoral, las que tocaban al mar, yermas, pedregosos, imposibles de labrar. El boom turístico del s.XX dio al descarriado, al último, al benjamín inoportuno, la oportunidad de oro; y este la supo aprovechar. Baleares se dio la renta más alta del país gracias al turismo y su industria turística es líder mundial. A lo digital le pasa hoy parecido: a quienes diseñamos en este campo nos ha tocado una lotería de cincuenta años de relevancia. Más nos vale saber aprovechar el momento con conciencia: reinvertir, trabajar, mostrarnos y superarnos… Hacernos más fuertes y más útiles. Y que la prensa de cuenta de ello.