Fotografiar el pasado
No empecé a escribir Mnemosyn pensando en una novela corta, sino en una serie de entregas por email, una especie de newsletter de ficción. La historia transcurre en la Granada de 1999, cuando empezabamos a tener cámaras digitales. Compré una Sony Mavica de esas que usaban diskettes de 3,5”) y su correspondiente diskettera. Wallapop, Aliexpress y tema resuelto ¿Sí? No.
Anduve horas y horas por la ciudad, en horas con mucha gente y otras sin ella, con luz de amanecer, luz dura de mediodía y luz de atardecer. Hice cientos de fotos que pasaba por la noche de los diskettes a mi portátil. Y ahí llegaba mi frustración. Al verlas en detalle, casi ninguna se salvaba: gente mirando el móvil, luces led, coches nuevos, matrículas con la bandita azul de la UE, cableado de fibra óptica en las fachadas…
Era casi imposible retratar una escena y que pareciese 1999. En todas había algo que decía presente. Al final, frustrado, abandoné la idea de incluir fotos en todos los envíos. Pero me he quedado la cámara.
Ese episodio me dejó pensando en cómo la tecnología va modificando nuestro paisaje humano, con ajustes minúsculos —un aparatito, un mecanismo nuevo, un hábito menor— hasta un punto en el que el pasado reciente nos resulta ajeno.
La historia de Sony Mavica es asombrosa, como casi todas las líneas de producto de Sony. Su nombre viene de MAgnetic VIdeo CAmera, por los primeros prototipos, que ya grababan datos en soporte magnético, allá por 1981.
La gente de Obsolete Sony lo cuenta muy bien y con muchas fotos en este artículo magnífico, como todos los que comparten en Substack.
Pasados inhóspitos o imaginados
Me fascinan las historias de lugares inventados, de pasados más o menos recientes, pero que se han quedado en rincones olvidados de la historia, acumulando polvo.
En su carta Excéntrica nº 26, Eugenio Hernández cuenta una historia asombrosa y emocionante acerca de Donald Evans, un joven que empieza a diseñar sellos de lugares imaginarios hasta que la cosa se le va de las manos.
La historia me recordó a ese fascinante libro titulado ‘Atlas de islas remotas’, que publicó Nordica Libros en una edición deliciosa. El libro enumera y describe islas perdidas, organizadas por mares y océanos, en las que algo ocurrió, o dejó de ocurrir, para que quienes estaban allí se fuesen. Un radar obsoleto, una mina que se agota, un tifón o una epidemia que acaba con las doce familias que vivían allí. La contraportada lo describe así:
Este libro recopila cincuenta islas alejadas en todos los sentidos: de tierra firme, de la gente, los aeropuertos y los folletos turísticos. Su autora utilizó acontecimientos históricos e informes científicos como punto de partida para cada isla. Ellos proporcionan información sobre qué distancia la separa del continente, si está habitada, sus características y las historias que han configurado su acervo local. Con sus impresionantes mapas a todo color y su aire de misteriosa aventura, Atlas de islas remotas es perfecto para el viajero romántico que hay en todos nosotros.
No es un libro de principios, sino de finales, finales a los que nadie ha prestado atención. Y de lo que se queda obsoleto sin que nos demos cuenta. El proceso se me hace parecido a lo que describo respecto a 1999 pero al revés. En muchas de esas islas no pasó nada, no llegó nueva tecnología ni hábitos nuevos y por eso se quedaron ahí, en una especie de dimensión temporal congelada y deshabitada.
No lo compres para regalar. Y si lo haces, no lo abras, porque alguna de sus historias te enganchará y decidirás quedártelo. Luego no tendrás tiempo para comprar un regalo nuevo y acabarás presentándote en el cumpleaños con una mísera botella de vino de la cesta de Navidad de hace dos años.
Futuros cercanos y la matriz
Cada septiembre, cuando vuelven los días grises, me acuerdo mucho de mi año becado en Seattle. Tuve suerte con los profesores que me encontré allí: Anthony B. Chan, John Bowes y Phil Bereano. Me introdujeron a muchas ideas de las que apenas se hablaba en España. Y a un género literario relativamente nuevo: la ciencia ficción de futuro cercano, o Near Future, en su variedad cyberpunk. Esta fue mi primera lectura, aconsejado por ellos.
Neuromancer (Neuromante en español) es un libro que habla de personas y sus problemas, no de grandes imperios interplanetarios. Pero esas personas se implantan tecnología para ver más cerca o más lejos, para escuchar frecuencias inaudibles o para corregir discapacidades. No hay naves espaciales ni combates interestelares. Todo sucede en un mundo que no nos resultaría ajeno del todo, como si alguien del 1999 de Mnemosyn viajase a nuestro presente.
William Gibson redactó Neuromante en 1984 con una máquina de escribir. En el libro introduce dos conceptos clave para el desarrollo tecnológico posterior: el ciberespacio y la matriz. Yo lo leí precisamente en ese 1999 en el que se lanzaba “The Matrix” y el profesor Chan conectaba las ideas de McLuhan con el desarrollo de internet.
Como te puedes imaginar, el Javier que se fue en el 98 y el que volvió en el 99 no eran el mismo. A un paisaje humano le hacen falta 25 años para cambiar su aspecto, pero a un ser humano le basta un solo año para transformar su mirada.
Siempre he sentido una conexión natural entre la ciencia ficción de near future y el diseño de interacción. Este verano me decidí a escribir relatos del género y ensayos sobre la conexión. Si estás suscrito a De Ulm a Cádiz habrás recibido alguno.
Cuando hablas de ciencia ficción, mucha gente piensa en naves, en imperios planetarios o en aventuras imposibles. Pero la clave no está ahí, en las grandes tecnologías, sino en los pequeños cambios en las vidas de la gente. Tengo un artículo a medias hablando de eso; te dejo un boceto de tabla a medias, por si te interesa ahondar en el tema. A la izquierda la columna de la Near Future, a la derecha la Space Opera:
Eno y los trocitos de futuro
¿Cuál es el equivalente del ‘near future sci-fi’ en música? Imagino que aquí cada uno tiene una respuesta, un género o un artista que le lleva a imaginar esos futuros cercanos y plausibles. El mío es Brian Eno, sin ninguna duda.
Gary Hustwitt le ha dedicado a Eno un documental. Sí, es el mismo de Helvética y Objectified. Las ganas que tengo de verlo son muy grandes.
For the past 50 years, Brian Eno has been at the forefront of musical creativity, technology, and artistic innovation. The hugely influential British musician, producer, activist, visual artist and self-described “sonic landscaper” began his career as an original member of the legendary Roxy Music in the early 1970s. He left the band to release a series of solo records and later pioneered the genre of ambient music with his 1978 album Ambient 1: Music for Airports.
De hecho, creo que deberíamos encontrar la manera de proyectarlo en el Instituto Tramontana. Y luego hablar de ciencia ficción, de trocitos de futuro, de hábitos y tecnología y, proqué no, compartir cosas que escribimos o leemos. No hablo de diseño de futuros ni de prospectiva, ojo. No me interesa nada esa rama de la consultoría, pues se ejerce, casi siempre, simulando o nutriendo la mirada de una organización. Esto va de cotidianeidad y personas, no de estrategia y empresas.
¿A quién podríamos invitar para algo así? ¿Qué voces son las más autorizadas hoy, por lo que escriben o lo que reflexionan sobre el tema?
Fin
Cuarta entrega de la Valija y ya se ve una constante: el tiempo y las palancas que lo accionan, lo aceleran o lo detienen. Me gusta que sea así, siempre digo que precisamente el tiempo es lo que diferencia al diseño digital de cualquier otra forma de diseño. Lo interactivo existe fundamentalmente en el tiempo, mientras que lo físico existe sólo en el espacio. Hay tema ahí. Otro día.
Una nota sobre libros, enlaces y circularidad
Los enlaces de libros a través de Amazon que hay en esta newsletter son de afiliación: me reportan un pequeño porcentaje de tu compra pero no aumentan tu precio. Mi consejo es que busques siempre los libros de segunda mano; son más baratos, es más sostenible y honrarás su naturaleza.
Si tienes el día vago o mucha prisa —a todos nos pasa— y decides comprar en Amazon, estarás mandándome algunos céntimos que me fundiré de nuevo en libros, deseablemente usados y en ediciones bonitas 🤷🏼♂️
Nada está tan lejos como hace un minuto.
Jim Bishop
One more thing…
Esta es una de las pocas fotos que hice con la Sony Mavica que podrían pasar por ser de 1999. Pero hay un detalle que la delata. ¿Eres capaz de encontrarlo?
El toldo en la calle para dar sombra es algo relativamente nuevo, pero no sé si tan nuevo que no existiera ya en 1999. Como no sea la furgoneta (modelo post-1999?)... 🤔
Tal vez que los apartamentos turísticos "Casa Catedral" no existían en 1999? :)