Valija semanal de Ulm a Cádiz (1/09/2024)
Cosas valiosas, secretas o delicadas, acerca de la creación entre lo humano y lo tecnológico, que viajan protegidas y por separado, en un itinerario regular.
“Va por valija”
Habré escuchado la expresión cientos de veces y siempre con fascinación, como si la valija fuese un contenedor de cosas secretas, valiosas o delicadas, que no pueden viajar en equipaje convencional, bien porque corren prisa o porque son muy importantes.
De Ulm a Cádiz es el nombre de este medio, pero también es la historia de una epifanía y un viaje, del funcionalismo más estricto y calvinista a la actitud más contemplativa, experiencial y hedonista. Ese trayecto, metafórico pero real, de ida y vuelta, de conceptos y de cosas, tiene, como tienen todos los itinerarios regulares, una valija por la que se pueden mandar cosas. Cosas importantes, valiosas, secretas o delicadas.
Estas son las cosas que yo mando en la valija de Ulm a Cádiz, semanalmente, a partir de ahora.
Ted Chiang, ciencia ficción humana, tranquila y contemporánea.
Estoy disfrutando mucho de leer a Ted Chiang. No lo había hecho desde que sacó ‘La historia de tu vida’, cuyo relato principal dio pie a la película Arrival. Quienes me han tenido de profe saben que la empleo mucho para hablar de fundamentos de la comunicación.
El caso es que Chiang publicó, en 1999, ‘Exhalación’, otro de esos libros de relatos cortos (entre 5 y 50 páginas cada uno) de ciencia ficción con mucho poso filosófico y antropológico, de los que a mi me gustan. Las Space Operas me suelen dar bastante pereza; reconozco su mérito, ojo, crear universos completos y vastos, con sus reglas y sus estéticas es un trabajo ingente. Pero esos relatos donde el 80% de las cosas siguen siendo iguales que ahora, donde sólo hay dos o tres elementos nuevos, esos son los que aprecio. Son los más cercanos a la realidad.
Todo está en calma, llega una tecnología nueva y las cosas se alteran. Parece que poco al principio, pero luego se dispara y el cambio resulta irreversible. ¿Te suena? La radio, la TV, el GPS, el smartphone, las redes… Pasa cada poco tiempo y nunca deja de ocurrir.
En Exhalación hay varos relatos que hablan justo de eso. En “La verdad del hecho, la verdad del sentimiento”, Chiang cuenta cómo una empresa facilita que la gente pueda tener una cámara grabando en todo momento lo que la persona está viviendo. Después, con sólo mencionar un momento del pasado, la grabación en vídeo de ese recuerdo, aparece en un rincón de su campo de visión. No es nada descabellado ¿verdad?.
Chiang usa el relato para hacernos reflexionar sobre cómo, poco a poco, esas grabaciones van reemplazando a nuestra memoria y cómo pasamos de tener recuerdos personales, subjetivos y manipulados por nuestra propia psique a algo completamente objetivo. El relato en el futuro se desarrolla trenzado con otro en el pasado, cuando los europeos llevan la escritura a las aldeas y tribus africanas, de cultura eminentemente oral. De repente, las decisiones ya no se toman sólo respecto a lo que se considera bueno o adecuado, sino a decisiones del pasado que “están por escrito”. La analogía es tremenda y, si me lo permites, muy McLuhaniana. Fue el canadiense quien explicó, antes que nadie, cómo la escritura propició los conceptos de derecho y de propiedad.
Otro de los relatos de Exhalación, titulado ‘Pronostic’, aborda la manipulación del tiempo y la predestinación a partir de un dispositivo minúsculo y banal: el mando para abrir el coche. Me dejó con la mandíbula caída un buen rato, pero no te lo cuento por si decides leer el libro. Si te gusta ese tipo de ciencia ficción, suave, contemporánea, reflexiva y humana, te animo a que leas a Chiang.
Infobar, el móvil más guapo del mundo.
En 2008 fui por primera vez a Japón con una ilusión: conocer a Naoto Fukasawa, el padre espiritual del diseño de Muji, uno de los grandes entre los grandes, a la altura de Esslinger, Rams, Ive o Sottsass. Digo que fue una ilusión porque se quedó en eso: la oficina del Sr. Fukasawa me concedió audiencia, pero era para semanas después de yo haber vuelto de Tokio. Debería haberla solicitado antes, o haberme quedado allí. Fui idiota.
Fukasawa había diseñado el teléfono móvil más guapo del mundo. Lo digo yo y lo dice también The Verge, ojo, así que no acepto cuestionamientos sobre esto. El dispositivo se llamaba Infobar. Era fácil verlos por las calles. Y ya iban por la segunda o tercera iteración.
Tenía y proponía todo lo que el smartphone evitaba: personalidad y actitud. Y justo eso lo hizo un producto memorable que nadie desechaba y todo el mundo guardó en un cajón, con la esperanza de que volviesen épocas o hacks que permitiesen recuperarlo.
Bill Moggridge retrató la obra y pensamiento de Fukasawa en un libro magnífico al que vuelvo constantemente. Por cierto, mi copia está en la biblioteca del Instituto Tramontana. Si estás formándote allí puedes disfrutarlo siempre que quieras.
Hoy, una compañía ha lanzado una carcasa para usar el Apple Watch como si fuese un Infobar.
¿Es una chapuza? Quizás. Pero me ha sacado una sonrisa. Y lo que considero más importante: algo falla en los cacharros que estás diseñando si la gente quiere, constantemente, personalizarlos.
En ‘El fin de la interfaz’ hablo, entre otras cosas, de eso: de la teoría de un japonés acerca de cómo tratamos de que ciertos productos (y no otros) hablen de nosotros. Si te interesa el tema, la lucha entre la personalización y la abstracción o la descorporeización de la tecnología, quizás te guste el podcast (22’).
Los torneados hipnóticos de Edward J. Woolsey
No quiero saber las horas que me he pasado contemplando, guardando y rumiando sobre estas impresiones en plata de 1869:
Se trata de una obra fotográfica llamada ‘Specimens of fancy turning’ (qué naive el nombre, ¿verdad?) que registran patrones creados por un pincel suspendido de un hilo sobre un papel que rota en un torno. Al parecer, ese ejercicio se puso muy de moda en la Bavaria de final del medievo y Woolsey, inspirado por otra obra llamada ‘L’Art de Tourneur’, decide no sólo crear sus propias fuguras, sino registrarlas fotográficamente.
Los patrones, las texturas del fondo y esas gradaciones caprichosas le dan un toque onírico, casi como de ciencia ficción retrofuturista que tanto me gusta. Tanto tanto que decidí usar una de esas representaciones para ilustrar la portada de Mnemosyn, mi primera novela (corta) de ciencia ficción, en la que se crea una conexión entre tres momentos en el tiempo de una persona.
La obra de Woolsey ya es de dominio público. No creo que consigas un original, pero puedes disfrutar (y usar) sus copias en alta resolución. De hecho, puedes hasta imprimirlas y colgarlas en tu casa. Si decides crear obra derivada, avísame, que me gustará saber a dónde te llevan.
Entender el tiempo, de lo físico a lo metafísico.
El tiempo es el concepto que más me fascina y me interesa. Y Carlo Rovelli ha dedicado muchas y muy buenas páginas a diseccionarlo en ‘El orden del tiempo’, desde una perspectiva física, pero que te lleva, inevitablemente a la filosófica/metafísica.
Suelo decir que el tiempo es lo que distingue al diseño de interacción del resto de familias del diseño, pues lo que creamos está vivo y cambia en el tiempo, según su interacción con quien lo emplea. Entenderlo, antropológica y sociológicamente, es el 25% de nuestro trabajo. Pero es que tiene mil facetas más: la económica, la histórica (obvia), la tecnológica…
Recuerdo cuando, hace años, leí a Lews Mumford y su forma de relacionar tiempo, capitalismo y tecnología. Fue una epifanía. De golpe, veía en el tiempo una faceta interesantísima, que explicaba muchas cosas de lo digital. Con Rovelli me ha pasado parecido y me ha hecho viajar de Santo Tomás a interstellar y de Arrival (de nuevo) a Donnie Darko.
Carlo Rovelli es un físico cuántico muy reconocido que además divulga y explica de mil maravillas. Leí su libro ‘El orden del tiempo’ el verano pasado, en momentos de esos en los que el cerebro te pide que le des alimento de verdad y no curiositas barata. Me hizo bailar con Newton, luego con Aristóteles y de ahí a Einstein. Me explicó cosas que jamás había entendido de la teoría de la relatividad de forma muy simple y me enseñó otras que me iluminaron la mirada. Tomé varias páginas de notas que me siento tentado de pegar aquí, pero no lo voy a hacer para que, si decides leerlo, te resulten nuevas y te provoque lo mismo. Bueno, va, una, sólo una:
La exhortación de Anaximandro sigue siendo válida: Entendemos el mundo estudiando el cambio, no estudiando las cosas.
¿Otra?
Se puede concebir el mundo como constituido de cosas. De sustancia. De entes. De algo que es. Que permanece. O bien pensar que el mundo está constituido de eventos. De acontecimientos. De procesos. De algo que sucede. Que no dura, que es un continuo transformarse, que no permanece en el tiempo. La destrucción de la noción de tiempo en la física fundamental representa el desplome de la primera de estas dos perspectivas, no de la segunda. Es la realización de la ubicuidad de la impermanencia, no del estatismo en un tiempo in-móvil.
Venga, otra más y paro.
Desde los eventos más diminutos hasta los más complejos, esta danza de entropía creciente, nutrida por la baja entropía inicial del cosmos, es la verdadera danza de Shiva, el destructor.
Toma ya.
Por cierto, llegué a Rovelli por culpa de Joan Tubau, alguien a quien admiro por su actitud y la autenticidad con la que escribe y hace Kapital.
Fin
Y esta ha sido la valija de Ulm a Cádiz de esta semana, la primera de septiembre. Si algo de lo que iba en ella te ha llegado, agradeceré que la compartas, que me lo hagas saber o las dos cosas. Y si algo echas en falta o quieres sugerirme, también :)
El domingo que viene, más cosas valiosas, secretas o delicadas, acerca de la creación entre lo humano y lo tecnológico, que viajan protegidas y por separado.
Una nota sobre libros, enlaces y circularidad
Los enlaces de libros a través de Amazon que hay en esta newsletter son de afiliación: me reportan un pequeño porcentaje de tu compra pero no aumentan tu precio. Mi consejo es que busques siempre los libros de segunda mano; son más baratos, es más sostenible y honrarás su naturaleza.
Si tienes el día vago o mucha prisa —a todos nos pasa— y decides comprar en Amazon, estarás mandándome algunos céntimos que me fundiré de nuevo en libros, deseablemente usados y en ediciones bonitas 🤷🏼♂️
El hombre es una partícula del absoluto. Y si el hombre percibe el absoluto, puede representarlo.
Andréi Tarkovski
Si no recuerdo mal, en el diseño de la interfaz de los Infobar estaba implicado Yugo Nakamura. Me gustaban mucho unos ejercicios visuales en Flash que tenía en su web. En concreto había uno precioso en el qie se generaba un árbol –¿un arce?– a partir de los mensajes que dejaban los visitantes. Lo he buscado pero no lo he encontrado.
En su día, tirando del hilo de Fukasawa había llegado a Kenya Hara. De vez en cuando vuelvo a su Designing Design.
Gracias por compartir tu valija.