Valija semanal (8/09/2024)
Cosas valiosas, secretas o delicadas, acerca de la creación entre lo humano y lo tecnológico, que viajan protegidas y por separado, en un itinerario regular.
¿Por qué la arquitectura, el cine o la literatura son tan atmosféricos pero el diseño no? Qué le pasa a lo digital que, exceptuando los videojuegos, no se atreve a crear atmósferas, escenarios, evocaciones… ¿Complejo? ¿Miedo al rechazo? Las personas vivimos en un permanente estado de ficción, porque casi todo lo que hacemos lo hacemos pensando en el futuro.
Esas ideas me rondan muchísimo la cabeza, y de eso traigo: cine, libros, relatos y anécdotas… en la valija de hoy. Espero que te despierten cosas.
Ambient oscuro
Me maravilla el poder que tienen algunas músicas para crear atmósferas, para propiciar que imaginemos cosas o nos predispongamos a ellas. Últimamente estoy escuchando mucha de esa música.
Supongo que tienes familiaridad con el synthwave, ese estilo de música ochentero muy de sintetizadores, que recuperó Daft Punk y que hace unos años volvió a ponerse de moda con Stranger Things y un cierto revival ochentero. Quizás hasta hayas visto un documental muy entretenido, titulado ‘The rise of the Synths’ que habla de ello. El caso es que en ese documental se describe el synthwave desde su cualidad más especial: es capaz de evocar en quien lo escucha el pasado y el futuro a la vez. ¿Estás tú de acuerdo?
Esa idea me llevó a fijarme en diferentes estilos, tratando de entender qué evocan y cuándo se usan. Uno de los que más cautivado me tiene es el Dark Ambient. Sí, tal cual. Si tuviese que definirlo, diría que es la música de la distopía. O, dicho de otro modo, si Brian Eno nos hace imaginar utopías donde la tecnología es amable y el mundo es un remanso de paz, Lustmord, que es el ángel caído del ambient, nos lleva con su música a futuros malrolleros donde todo se nos ha ido de las manos.
¿Que no? Te dejo aquí un temazo de Lustmord y sigamos hablando con esa música puesta:
Arquitectura del desasosiego
Y ahora hablemos de Backrooms. En la cuarta entrega de Mnemosyn, la novela corta que publiqué este verano, iba un video que grabé en las calles de Granada con una Sony Mavica de 1999. La cosa iba así:
Hoy me he despertado tarde. Tarde y sobresaltado. La boca me sabía ácida, como a vinagre. Sentía como si estuviese olvidando algo muy importante y no pudiera recordar qué. Tenía clase de bibliometría a las 11 y ya no llegaba, pero no era eso lo que me inquietaba. En realidad no sabía qué era.
Me he vestido rápido y he decidido desayunar en la calle pero…. David, lo que me he encontrado ha hecho que casi se me saliese el corazón del pecho, porque… ¡¡NO HABÍA NADIE!! ¡¡NADIE EN NINGUNA PARTE!! La ciudad entera estaba vacía: las calles, las casas, los bares…
Iván Leal me escribió para decirme que el capítulo y el video le evocaban el universo de los Backrooms, esos lugares artificales y deshabitados que, según la mitología internetera, existen en una dimensión paralela a la nuestra y en la que podemos caer en cualquier momento, si no vamos con cuidado.
Estuve leyendo varios días sobre el tema, sobre los diferentes niveles de backrooms que existen, los objetos que puedes encontrar en ellos, las criaturas que los habitan. Quienes le han dedicado tiempo a ello los describen así:
Si no tienes cuidado y sales de la realidad en los lugares equivocados, acabarás en Los Backrooms; donde no hay más que el hedor de una moqueta mojada, la locura del monocolor, el incesante ruido ambiental de las luces fluorescentes en su máxima expresión, y unos seiscientos millones de kilómetros cuadrados de salas vacías segmentadas al azar en las que perderse. Dios no quiera que oigas algo que se pasea por ahí, porque seguro que te ha oído.
Uno de mis favoritos, de los que me parecen más malrolleros y desasosegantes es este, precisamente por evocar presencia y ausencia a la vez:
¿Qué, seguimos escuchando a Lustmord y su Dark Ambient?
¿Donde escondes la máquina, Trump?
Disfruté leyendo ‘La epopeya de los amantes’, un relato de Miguel Santander que habla de amor, experimentos y viajes en el tiempo. En el relato se conecta el Nueva York de los años 30 con la Mesopotamia del 3000 a.C. y a Nikola Tesla con Gilgamesh, el rey del remoto Uruk. Parece ser que a Tesla le obsesionaba la posibilidad de viajar en el tiempo (esto es verídico) y que algunos de sus experimentos desbocados iban en esa dirección.
El caso es que —y esto sigue siendo verídico, maldita sea—, poco antes de morir, Tesla escribió a sus amigos más leales confesándoles que había inventado un dispositivo para teletransportarse y que temía que sus diagramas cayeran en las manos equivocadas, que agencias gubernamentales o espías pudiesen apropiarse de ellos para hacer el mal.
Tesla murió en 1943 solo, incomprendido y olvidado. Descubrieron su cadáver rodeado de las palomas que tanto quería y de cientos de documentos, diagramas y planos de experimentos que dejó sin realizar.
Pocas horas después de que lo descubriesen, El FBI tomó el control del hotel New Yorker, registrando confiscando todos los documentos que encontró en esas dos habitaciones de hotel, que pagaban precisamente esos amigos a los que Tesla había escrito. El FBI dedicó tres días a analizar la documentación, pero no tuvo éxito, no entendían ni eran capaces de interpretar nada.
Acabaron llamando a un prestigioso ingeniero eléctrico que era profesor del MIT para que los estudiase en busca de posibles armas o tecnologías que el gobierno debiera mantener en secreto. Ese profesor era John G. Trump, tío del Donald Trump que todos conocemos.
¿Se harían los Trump con los planos para crear tecnologías que ni imaginamos? Todo esto podrías ser anecdótico si no fuera porque…
Resulta que en 1890, Ingersoll Lockwood publica dos libros infantiles titulado ‘The Travels and Adventures of Little Baron Trump and His Wonderful Dog Bulgar’ y ‘Baron Trump’s Marvelous Underground Journey’. En ellos se describe a un chico aventurero que viaja en el tiempo, a través de un portal ubicado en Rusia, siguiendo los consejos de su mentor Don (de Donald).
¿Y cómo se llama el hijo de Trump? Sí, Barron (en este caso con doble r). Además, quienes lo conocen dicen que las similitudes entre el personaje literario y el jóven Barron son escalofriantes ¿Qué ocultan los Trump? ¿Será Barron un viajero en el tiempo? Si llegados a este punto no se te ha puesto la piel de gallina… Tengo más:
El mismo Ingersoll Lockwood también publicó libros para adultos. Uno de ellos se titula “The Last President” y aparentemente trata de un hombre que vivía en la 5ª Avenida de Nueva York (Torre Trump, ¿hola?) y que se convierte en presidente de EEUU de forma inesperada, causando altercados y disturbios en todo el país. Hablamos del s. XIX, ojo.
Si sumamos esta trama al hecho de que Trump y Elon Musk se han vuelto mejores amigos recientemente, tenemos material para especular un ratito.
Pero me estoy yendo por las ramas mucho. Yo lo que quería era recomendar el relato de Miguel Santander, que me parece magnífico, de lectura ligera y muy bien armado. Empieza por ahí si te interesa esta historia, porque Miguel Santander se documentó muy bien sobre Tesla y sus dispositivos, mucho antes de que surgiese esta teoría.
Murchison y el SETI
El mes pasado me topé con una noticia que me dejó pensando: el Instituto SETI iba a usar unos radiotelecopios de baja frecuencia para buscar vida extraterrestre. En concreto iban a usar el sistema de ‘arañas’ del Murchison Widefield Array, un observatorio que hay en el desierto Australiano.
Las ondas de baja frecuencia son muy peculiares. Si las de muy alta frecuencia (VHF y UHF) tienen poco alcance pero pueden contener señales con mucho acho de banda (la TV, las señales de móvil, etc.) las de baja frecuencia son todo lo contrario: llegan lejísimos pero con muy poquito ancho de banda. Las frecuencias bajas son las que se usan para mandar mensajes por radio a los submarinos, por ejemplo, porque pueden expandirse por el mar y hasta por el interior de la tierra.
Libros de guantera
Intento llevar siempre dos o tres libros en la guantera del coche, para aprovechar esas ocasiones imprevistas en las que toca esperar un rato dentro, en la consulta de algún médico o en alguna cafetería mientras terminan de cambiarle los discos de freno. Los libros de relatos cortos y las colecciones de artículos son perfectos para esos momentos.
Uno de los que llevo ahora es Atrapad la vida, una compilación de escritos de Andrei Tarkovski sobre el cine, el arte y la vida. A mí el cine de Tarkovski me seduce intelectualmente pero no me entretiene. Tengo que estar muy predispuesto para esos momentos. Lo que sí le reconozco es una capacidad para crear atmósferas extrañas, dimensiones oníricas y espacios liminales entre lo familiar y lo fantástico. Supongo que su cine, como alguna literatura, es más para aprender que para disfrutar. Qué complicado es hacer las dos cosas a la vez, ¿eh?
Te guste o no el cine de Tarkovski, el libro merece muchísimo la pena, da categorías, establece demarcaciones y ayuda mucho a pensar lo narrativo. De hecho, la Valija del otro día cerraba con una frase suya. Aquí va algunas más:
Creo que lo que empuja a una persona cualquiera ir al cine es la posibilidad de tener un encuentro con el tiempo: el tiempo perdido, el tiempo fugado o aún no ha alcanzado.
Religión, filosofía, arte: estos son los tres pilares de la actividad espiritual sobre la que el ser humano formula, para sí mismo, el concepto de absoluto.
Del mismo modo en que en una gota se reflejan las nubes y los árboles, así se refleja en la imagen artística el universo.
Y esta otra, que tenía anotada por ahí, pero que ya no sé si es literalidad suya o algo que interpreté yo a partir de sus palabras. Ahí la dejo, de todas formas:
Si quieres ser libre, se libre, y no hables tanto de ello.
¿Son buenas, eh? De Tarkovski podrá no gustarte su cine, pero sus textos son buenos. Además, sus textos exhalan la misma chulería que su presencia, tan charlesbronsiana.
Por cierto, la misma editorial, Errata Naturae, publicó el magnífico ‘A través de los muros’ de Eyal Weizman, tan actual hoy que la guerra entre Israel y Hamás está en su peor momento. Tenemos que hablar de ese librazo y de las innovadoras y posmodernas teorías del general Naveh, un personaje. Otro día.
Fin
Esta ha sido la segunda Valija de Ulm a Cádiz, ya entraditos en septiembre y empezando a cambiar el café con hielo por alguna infusión. Si algo de lo que iba en ella te ha llegado, agradeceré que la compartas, que me lo hagas saber o las dos cosas. Y si algo echas en falta o quieres sugerirme, también :)
El domingo que viene, más cosas valiosas, secretas o delicadas, acerca de la creación entre lo humano y lo tecnológico.
Una nota sobre libros, enlaces y circularidad
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One of the big parts of the loss of identity is nostalgia. We live by the revival. It tells us who we are or were.
Marshall McLuhan
¡Me ha encantado! Qué de hilos de los que seguir tirando.