Anemoia 1 - nostalgia 0
Ayer, dando clase con la gente de Mendesaltaren, que se forma en el Instuto Tramontana, hablamos de diseño emocional, o dicho de otro modo, de cómo funciona la tríada recuerdo-sentidos-emociones y cómo usarla a nuestro favor cuando definimos productos. De ahí, inevitablemente saltamos a la nostalgia, que es otra fuerza muy singular. Pero la cosa derivó a un concepto mucho más interesante: la anemoia, esa la sensación de nostalgia por algo no vivido. El tema salió a partir de este concepto de Nissan:
Se llama Hyundai N 74 Vision. Nació como un concepto pero tuvo tal acogida en internet que la compañía se ha decidido a llevarlo a producción. ¿Qué nos cuenta ese coche y porqué despierta deseo? Anime, Delorean, Cyberpunk o Vaporware, todo está en ese carro. ¿Es un auto para ser conducido en grupo? No, desde luego. Es conducción solitaria, hacia la puesta de sol de una realidad que existe en nuestra psique compartida, como esa alucinación colectiva que es el ciberespacio, según lo definió su padre, William Gibson, del que hablamos en la Valija de la semana pasada.
¿Es nostalgia lo que nos provoca? No, porque no hemos vivido esa realidad. Nuestros 80’s y 90’s fueron otra cosa, pero ojalá hubiesen sido esa. Sentimos anhelo de un pasado ajeno y lo aceptamos como bueno. Alguien en el grupo lo definió como “un pasado que está en otro plano, una realidad paralela que damos por buena”. Pregunté si sería posible una anemoia nacional o culturalmente acotada. Propuse la Sargadelos de Díaz Pardo y Seoane: alusiones al pasado con formas del futuro, mirada local y maneras internacionales.
Alguien dijo de C. Tangana y ‘El Madrileño’: un pasado reimaginado, un presente tamizado por él, con producción musical del futuro. Pucho y Santos Bacana nos hicieron recordar, a través de su propio neorrealismo, algo que casi ninguno de nosotros conoció.
No es nostalgia, no es lo retro, es diferente. En la anemoia hay pasado y futuro integrados, como si hubiésemos invertido una foto y el texto saliese del revés, como en el lenguaje heptápodo de Arrival, como en el Synthwave. Alguien dijo que ese es el único género musical que te habla del pasado y del futuro a la vez. Exactamente eso.
Synthwave’s enduring appeal lies in its ability to transport listeners to a different time and place. The genre taps into a collective yearning for a simpler past, while simultaneously embracing the limitless potential of the future.
De “Synthwave: A Nostalgic Journey into Retro-Futuristic Soundscape”
Remakes vs. versiones
Odio los remakes pero me gustan las versiones. Una buena versión es como cocinar con los mismos ingredientes pero diferentes especias y distinta elaboración. La versión se siente conectada con su original, pero de alguna manera se ha emancipado, ya es otra cosa.
Me topé el otro día, de casualidad, con esta, el Damnit de Blink 182 versionada por Dead on a Sunday y convertida en un lamento Dark Wave.
La letra es la misma, el sentimiento parecido, el efecto completamente distinto. Una buena versión es la prueba de que contenido y forma son, en realidad, la misma cosa.
Hasta las orejas de Concerta
Y te preguntarás, si hablas de calidad, por qué incrustas canciones desde Spotify y no Tidal. Pues mira, porque no me deja. Pero a Spotify ya casi sólo entro para esto. Ya no puedo más con ellos. Parece que su gente de UX estuviese hasta las orejas de Concerta. Paneles por arriba, por la derecha, la izquierda y por abajo. ¿Quién está marcando los OKRs en esa casa?
Mucho panel y poco ancho de banda, así que recoge cariño que nos vamos a Tidal. Lo tenía para momentos snob, pero ya vivo ahí permanentemente.
La deriva caótica de Spotify me hizo pensar en Winamp y lo sencillo que era aquello. Nunca quiso ser una ‘plataforma de escucha’ ni un ‘gestor de medios’ o una ‘solución de entretenimiento’. Se conformó siempre con ser él mismo: un pequeño reproductor que hacia lo que tenía que hacer, sin pedir más píxeles ni más recursos. Tal era su humildad que te ofrecía una interfaz muy decente y te dejaba que la disfrazases como quisieras.
En el Winamp Skin Museum exponen miles de skins —no sé si todos los que existieron— pero suficientes para que se entienda el fenómeno, de aquella época en que la tecnología aún era divertida.
Make technology great again
“…cuando la tecnología aún era divertida”. leí la frase en referencia a los teléfonos Nothing Phone, esos androids entre modernos y retro que, siguiendo el espíritu de Teenage Engineering, lucen un hadware juguetón, modificable y nada neutro. Y encima a precios muy razonables.
En el Nothing Phone también hay algo de anemoia y eso me gusta. Android nació como un mal remake de iOS, pero el Nothing es una buena versión de la realidad smartphone, con susurros de pasado y mirada de futuro.
Yo sigo preso de la utopía iPhone, pero cada día queda menos para que me atreva a abandonarla y me adentre a ese universo caótico, imprevisible y lleno de sorpresas que es Android.
Remakes y autofagia
El ‘Damnit’ en versión Dark Wave me hizo volver a ese grandísimo ensayo que es Retromanía, de Simon Reynolds. Según el autor, cuando una pieza musical es reinterpretada en un nuevo estilo, como por ejemplo el Dark Wave, se resignifica. Aunque mantiene elementos de la pieza original, se transforma en algo nuevo, a menudo cargado con un significado emocional distinto. En estos casos, el pasado se "replica", pero también se recontextualiza. Lo que decíamos antes, vamos.
Sin embargo, no es eso lo más común en la música actual. Para Reynolds, nunca antes la música había vuelto con tanta frecuencia al pasado para mantenerse viva: remakes, versiones o samples son ya algo habitual en cualquier disco nuevo. Parece que hoy, dice el autor, el pop sólo logre avanzar devorándose a si mismo. Él atribuye esa constante regresión a la digitalización: los medios digitales hacen que el pasado se pueda recuperar instantáneamente. Obviamente, recuperar es menos costoso que crear de cero. Yo añadiría que, en el momento en que la música no tiene soporte físico que muestre deterioro, es casi imposible distinguir lo nuevo de lo viejo.
Crear una máquina de ‘descrear'
Llevo años proponiendo a los alumnos un ejercicio: diseñar una máquina de suicidio, el hardware y el software. En lo primero están las decisiones acerca de la narrativa que propone el producto: ¿Morir como vuelta a la naturaleza? ¿desintegrarse? ¿la nada? ¿reencontrarse con el Creador y los seres queridos? ¿Qué muerte nos propone esa máquina, a qué alude?
El diseño del software también tiene su miga: cómo diseñar un proceso que permita cambiar de opinión a tiempo, que no deje espacio para errores mortales, que asegure información a todas las partes necesarias… Son mil consideraciones.
En un ejercicio de ficción reciente que planteamos en una clase, esa máquina la habría diseñado Philips. En línea con el lenguaje y el tono de la marca, el dispositivo no evocaría nada, si acaso fiabilidad y aspepsia clínica.
Lo de Philips es relativamente fácil, pero ¿cómo sería ese aparato si lo diseñase Patagonia, Nike o The Body Shop? Ahí, ahí está la chicha para la mente de los diseñadores.
Hace unos días las risas —macabras— circulaban por los canales de alumnos del Instituto. Lo que para nosotros era un juego de imposibles, lo hizo realidad un suizo: un tipo de Schafhausen había creado la máquina.
En un alarde de atrevimiento, la había diseñado quizás mirando esos 90’s algo horteras, de Renault Twingo y mala imitación de estéticas iBook, o quizás como una plancha Rowenta que tenía por casa. Nada es sagrado para estos calvinistas.
Fin
En esta entrega, ya la quinta, seguimos con la idea del tiempo y su recursividad, pero esta vez fijándonos en la obra, en rememorar, revisitar y regenerar. Por cierto, la raíz latina de recordar es re-cordis, volver a pasar algo por el corazón. Mucho más bonito que remember—volver a pasar por la mente— ¡Dónde va a parar!
Una nota sobre libros, enlaces y circularidad
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Si tienes el día vago o mucha prisa —a todos nos pasa— y decides comprar en Amazon, estarás mandándome algunos céntimos que me fundiré de nuevo en libros, deseablemente usados y en ediciones bonitas 🤷🏼♂️
Pensamos en el futuro como memorias anticipadas.
Daniel Kahneman
Buena mierda, Javier (entiéndase que lo digo como algo bueno).
Al hilo de esto, justo ayer leía sobre lo que han llamado 'indie sleaze', la nostalgia por una moda de hace 15 años... que nunca existió: https://substack.com/home/post/p-147976156
Que buen tema!.
La UX de Spotify es una castaña cierto, pero le das este temazo, y le dices que haga una lista a partir de ahí y te muestra temas buenísimos que de otra manera difícilmente encontrarías.
O por lo menos yo hoy no sabría cómo encontrarlos.