Un fraile y un papel escrito en Copenhague
La mudanza está haciendo aflorar restos de otros tiempos que se regían por otras prioridades. Siempre hay una mezcla de nostalgia sana y de cuestionamiento (¿Eran mejores tiempos? ¿Era yo más feliz?) en esos hallazgos.
De la parte de detrás de una de las librerías ha resurgido el “Fraile del Tiempo”, un asombroso artefacto que, mediante el más analógico de los mecanismos, indica el tiempo que va a hacer. El funcionamiento es simple: tras el monje franciscano hay un rudimentario higrómetro hecho con una tira de piel de cabra que se contrae en función de la humedad y presión del aire, moviendo la mano del cartujo. Más viejo y simple que el hilo negro.
El fraile está ahí desde que, recién aparecido el iPad, años ha, decidí hacer una aplicación que lo replicase. La cosa quedó en intención y el fraile siguió dando el tiempo, cada vez más escondido por libros y libros. Pasará el ipad, pero el fraile seguirá.
Este trozo de papel, por ejemplo, ha caído de entre las páginas de un libro mientras lo revisaba para decidir si se iba en la mudanza a la sede del Instituto. Es de la época en que todo tenía feed de RSS y hasta estábamos un poco saturados. Eso me movió a crear un lector de RSS muy simple, que se llamó Planetaki, que durante bastante tiempo funcionó muy bien.
Sería 2008 cuando fui al Reboot de Copenhague y lo conté a un grupito de gente. El papel debía ser de cuando en el hotel me preparaba la charla y anoté esta reflexión acerca de los inconvenientes del RSS:
Me di cuenta de que el RSS es como un lavabo
con el grifo siempre abierto -> ¡¡Innundación!!”
Paradójicamente hoy son las redes sociales las que se comportan así y voy a mi lector de RSS cuando lo que quiero es paz y buen contenido en lugar de un grifo chorreante de fotos y tuits que nos innundan de ansiedad e irrelevancia.
Cambian los tiempos y con ellos los contextos, la tecnología y sus usos. ¿Tanto cambiamos nosotros con ellas? Qué puñeteras son las mudanzas, que nos hacen sentir viejos.