Un coche usado
— Estoy muy ilusionada, tenía el dinero guardado para comprarme un coche usado, pero mejor lo invierto en esto.
Esa frase de M me hizo entrar en pánico y disuadirla por todos los medios. ¿Cómo iba a ser un curso en primera edición, impartido por jóven treintañero sin apenas experiencia enseñando, mejor idea que comprar un coche? ¡Un coche! ¡El epítome de la utilidad! ¿frente a qué? ¿Frente a un cursillo?
M apostó por mi, apostó de verdad, con mucho dinero para ella, renunciando a otras cosas. Yo lo pasé fatal, se me disparó el síndrome de impostor y, tras unas semanas angustiado, decidí que mi motivación para impartir un buen programa era que fuese más útil que un coche usado que costaba lo mismo. No era sencillo.
Todo eso ocurrió en la primavera de 2007. Trece años después, sigo angustiándome cada vez que veo que alguien hace un sacrificio económico muy grande para embarcarse en un programa como los del Instituto Tramontana, que también está ahora en su primer año y no ha demostrado aún nada.
La experiencia me ha enseñado que si se elige bien a participantes y trabajo duro no sólo las clases sino lo que ocurre alrededor, casi todos los alumnos acaban dando pasos notables en sus carreras. Eso es maravilloso, pero no es suficiente, ni soluciona la barrera de quien no tiene esos ahorros.
Esta semana he sentido un alivio inmenso, como si se me hubiese desatascado un ventrículo que llevase trece años obstruido: por fin vamos a poder financiar los programas con mucha flexibilidad y a un tipo de interés espectacular. Eso significa que alguien que quiera cursar el programa de Diseño de Mensaje y Narrativa podría pagarlo en, por ejemplo, dos años, con una cuota mensual de 259€ ¡Más nos gastamos a veces en psicólogos! Mi esperanza, mi emcabezonamiento, es que antes de que termine el programa, su carrera haya mejorado tanto que sienta que no habría hecho falta financiarlo.
Estas son las condiciones para Mensaje y Narrativa:

(Aquí el documento en pdf)
Sé que estoy haciendo un poco de publi aquí, casi casi spam, pero de verdad lo hago embargado de alegría, porque en realidad, la gente que está en una posición acomodada no me preocupa. Me preocupa que por cobrar 6000€ en un programa de iniciación al diseño, se nos quede fuera alguna de esas personas que sabes que con un poco de ayuda deslumbrarían, cursasen lo que cursasen.
Confieso que mi ilusión es poder tener un programa de becas, que en cada grupo hubiese algunas persona sin recursos a quienes pudiéramos ayudar a mejorar sin que desembolsasen un euro. Por ahora eso no es posible, o no mientras tengamos que recuperar inversión y coger velocidad de crucero, pero lo vamos a hacer. Por mis narices que sí. Sácale si quieres una captura a este párrafo porque ya te digo que si no somos capaces de conseguir esto, mejor cerramos.
Mientras llega ese día, sonrío feliz (y le doy mil gracias a Mónica Sacristán por el currazo) sabiendo que ahora mucha más gente brillante va a poder aprender narrativa y mensaje con Antúnez o convertirse en directores de producto con Sancha y Saleiva, o empezar profesionalmente en el diseño sin renunciar nada importante, aunque sea un coche usado.