Tormentas, decisiones y ruidos
Sonaba como el mar embravecido, como las olas rompiendo, sin embargo estoy en mitad de Castilla. Eran las copas de los árboles, chopos y los almendros que han crecido entre las ruinas de esta aldea casi abandonada, sacudidos por un vendaval improvisado. Se veía venir: tanto calor y la tierra tan seca: electricidad estática en todo. Tanta que puede uno sentirla en la piel, sensible de más. El vello se eriza y, de golpe, el primer trueno. Las cigarras se callan de repente y todo empieza a sacudirse.
Ya es de noche. Ya ha pasado todo. Ahora suenan grillos. Como hace fresquito, me he hecho una tortilla de gambas y he abierto una botella de tinto. Uno de la bodega Tesalia, que es de Arcos de la Frontera, de donde Jara, y que me descubrió Sergio Mínguez ¡gracias! , alumno del programa de diseño de interacción de la promoción anterior.
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Mañana haremos pública una decisión importante que aún no sabe casi nadie. Atañe, va a beneficiar, a muchas personas que se quieren formar en el Instituto Tramontana, pero que viven en Badajoz, en Sestao, en Santiago de Compostela o en Las Palmas, y no les da el bolsillo para viajes y matrícula. Hemos decidido que nosotros nos haremos cargo de los gastos de transporte. Vengan del lugar de España del que vengan, lo hagan en avión, en tren, en autobús o en su propio coche. Si el tiempo y el esfuerzo extra lo ponen ellos, el transporte lo pagamos nosotros.
Se habla mucho de discriminación y privilegios, pero se olvida a menudo a la gente que no vive en Madrid o Barcelona. Alguien que vive en Jaen o en Huesca tiene el triple de dificultad para hacer carrera en nuestros sectores cuando no quiere o no puede mudarse a la capital. La formación buena, los eventos, los encuentros, los contactos, la facilidad para tomarte un café con la persona adecuada… Todo eso son oportunidades que se escapan para quienes viven en “provincias” (qué fea esa expresión, ¿verdad?). Vivir en la “periferia” es, muy probablemente, la mayor desventaja, la mayor cuesta arriba, para quien quiere crecer en el ámbito de los productos digitales.
Puede parecer que nuestra decisión tiene algo de altruista, de social, sí. Pero, entre nosotros, es muy egoista, no nos engañemos. Queremos poder tener a los mejores alumnos; perdernos a quienes no pueden viajar a Madrid sería un error estratégico muy grande. Y como no podemos abrir sedes en cada provincia, como el Instituto no puede ir al talento, vamos a propiciar que el talento pueda venir al Instituto.
Todo esto lo contaremos mañana en un texto sencillo que ya está en la web, pero quería compartirlo antes contigo, ahora que es de noche.
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Mis días transcurren entre Cádiz y Castilla, entre un chalet y el refugio, con sus piedras centenarias; entre los balbuceos del pequeño Jaume, pegado a mi pecho y las conversaciones breves con viejos radioaficionados, a miles de kilómetros. Ni a uno ni a otros les entiendo la mayoría de las veces: uno porque aún balbucea, los otros porque sus charlie-foxtrot-tango-zulu se oyen en la distancia, atravesados por demasiado ruido blanco, rebotando mil veces entre la tierra y la ionosfera. Entre esos ruidos, bellos unos, lejanos otros, se va consumiendo agosto.
Disfruta del descanso y la lentitud de estos días.
Javier