Superficies
Uno sabe, a poco de empezar un libro, si le será útil, si volverá a él. En los casos en que sí, suelo tomar notas, copiar fragmentos, frases o pasajes. A veces, si son muy largos, se los dicto al móvil para que me los transcriba.
Con los libros de Juhani Pallasmaa me está siendo imposible: no puedo transcribir cada puñetero párrafo que escribe. Todos son carne de cita, pequeñas cerezas de conocimiento, dulces, autocontenidas, redondas y perfectas.
La última clase del programa de diseño de interacción la dedicamos al diseño sensorial. Fue especial y sentida porque hablábamos y nos contábamos recuerdos y experiencias muy personales; compartíamos el registro emocional y sensorial que habíamos hecho de cada una de esas vivencias: qué olor, sabor, imágenes o sensaciones en la piel guardábamos en nuestro recuerdo junto a qué emociones… Exprimíamos esas memorias y dejábamos que fermentasen con algunos conceptos de la psicología cognitiva. Así entendíamos cómo precepción, emoción y recuerdo se relacionan y se convierten en instrumentos de diseño.
Estos días, leyendo ‘Esencia’ de Pallasmaa me he sentido torpe y tonto. El muy cabronazo ya había contado hace años, con mejor retórica, belleza y estructura lo que yo trataba de transmitir en la clase de mi programa.
¿Por qué demonios nadie me había dicho que todo eso estaba ahí, mejor contado, y me había evitado esta sensación de defensa lateral de equipo de tercera al que se la cuelan en cada regate?
De entre todas las reflexiones de Pallasmaa, me ha gustado especialmente la que hace referencia a las superficies:
Según el viejo finés, la modernidad ha vivido obsesionada por la esencia de la forma, por la pureza de la geometría y su simbolismo. La materia y la superficie, la ‘piel’ de las cosas, no ha importado nunca, hasta el punto de omitirla en ese blanqueado universal de todo. La obra de la modernidad aspira a no tener edad, a no envejecer, y por lo tanto no tiene piel. Corbusier, Van der Rohe o Calatrava: todo edificios blanquitos, puros, perfectos, difíciles de mantener impolutos, imposible saber su edad o sus vivencias ¿Verdad?.
Dice Pallasmaa que los materiales y las superficies tienen un lenguaje propio y, refiriéndose a los ladrillos, la piedra o la madera, que todos ellos son materiales y superficies que nos hablan placenteramente de un tiempo estratificado, en contraste con los materiales planos y mudos producidos por la industria contemporánea.
Yo añado que las pantallas también. Su planimorfismo o su neomorfismo —varían con el momento pero comparten esencia— son una continuación sencilla y facilona de esos postulados. Son nuestro movimiento moderno, aplicado sin cuestión por equipos y profesionales del diseño que ni saben, ni les interesa, el adn que van esparciendo en cada trabajo, en una especie de promiscuidad sin profilaxis.
No hay textura, calor, rugosidad ni envejecimiento en los píxeles, las palabras o las maneras de una interfaz de PayPal, de Netflix o de Apple. No hay vuelta a la intimidad. No hay imagen de regreso a nada. ¿Nada hay acaso en la calidez de nuestras vidas que pueda reflejarse en esos diseños? ¿Tan poco tenemos que exigir?
Mañana empezamos las clases con el programa de iniciación al diseño de interacción. Son los más jóvenes que han pasado por nuestra sede y, obviamente, los más importantes. Ellos están empezándolo todo de nuevo. Me pregunto si, llegado el momento, querrán oir estas derivas filosóficas, si merecerá la pena, si serán edificantes o más bien intoxicantes para su carrera.