Sindiós
Apple ha presentado hoy mandanga nueva. De entre todas las ocurrencias, ingenios y artefactos interactivos, me ha llamado especialmente la atención una funcionalidad que te organiza automáticamente los iconos del iPhone en grupos, subgrupos, plantas y negociados.
La cosa me ha recordado a esa comparación que he usado tantas veces en clase para explicar que meter el caos en cajones no elimina el caos, lo esconde. Y acaba provocando más, porque ahora el caos escala bien.
¿Te acuerdas cuando tu madre te exigía que ordenases el cuarto y tú metías el sindiós de libros, bolis, papelajos y hasta restos del sacapuntas en el cajón para que no se viese? Era rápido y aparente, daba el pego, pero no era ordenar. Ahí lo tienes, lo mismito pero en tu iPhone.
Apple no es capaz de ayudarte con el consumismo aplicacionil. O no quieren, porque para otras cosas sí que son paternalistas:
Tu Watch te dice que tienes que hacer ejercicio, que es hora de irte a la cama, que no te has lavado las manos suficientemente (lo juro) o que te van a bajar el volumen de la música porque te estás pasando, Javier.
Pero no sacan apps para decirte “deja de instalar mierda, tío” o “¿De verdad necesitas comprar esta pijada?” o “date un capricho, que menuda semana llevas”… O mucho más importante: “Déjate de mensajitos con caritas y llama a tu madre que hace meses que no oye tu voz”.
Apple, con ese paternalismo calvinista, obsesionado por dictar y medir cómo debes vivir la vida correcta y, sin embargo, tan poco interesado por lo que cuenta pero no se mide.
¿Cómo demonios hacemos para diseñar para eso, para lo que importa de verdad?