Sin ellos no somos nada
Hoy he recibido una solicitud para el programa de diseño de interacción que, por lo que me contaba y el momento en el que estaba, creo que hubiese sido un muy buen candidato al programa de Dirección de Producto. Se lo he explicado como he podido y le he contado algunas cosas respecto a ese rol, y me he quedado pensando un buen rato…
Quería decirle a este chico algo pero quizás no he sabido cómo. En ese momento, mientras escribía el mensaje, era un sentir. Ahora ya sé cómo ponerlo en palabras.
Quería decirle que la calidad y el impacto de un diseñador depende de los directores de producto con los que se encuentre por el camino. Me vino a la cabeza la metáfora del intérprete y su director de orquesta, un virtuoso del violín necesita de un buen director, pensé. Pero me di cuenta de que no es esa la buena. La buena es la del compositor y el intérprete. El diseñador compone una relación de funciones y mensajes, imagina en su mente un orden, una secuencia, un tono y una melodía. Y es el intérprete el que la convierte en realidad. O sea, el director de producto.
Los diseñadores no somos NADA sin un buen director de producto. Porque ellos son los que obran la magia, los que convierten las notas en sonido.
Los mejores clientes que he tenido como diseñador han sido siempre muy buenos directores de producto. Me estoy acordando de Jaume Ripoll (filmin), Diego Mariño (Ducksboard/New Relic) o Gabriel Aldamiz (Chicisimo), por decir algunos. Ellos han hecho que nuestro diseño luciese mucho más de lo que podíamos soñar.
No somos nada sin un buen DirProd, y lo somos todo, lucimos, llegamos alto, ganamos impacto y reconocimiento sólo por ellos, por los buenos. Joer, si hasta tendríamos que montar unos premios para reconocer la labor de los mejores (¡Toma ideaza, oye!)
Cuando he dicho por ahí que nosotros siempre hemos elegido proyectos, algo que muchos han interpretado como soberbia, lo que quería decir es que elegíamos directores de producto que es la mejor manera de asegurar que lo que concibes y diseñas llega al mercado bien, mejor de lo que lo habías diseñado.
El buen director de producto sabe ecualizar bien la relación entre diseño, negocio, tecnología y marketing. Y cuando digo ecualizar me refiero a bajarnos el volumen a los diseñadores cuando toca —porque sí, a veces toca— con la necesaria delicadeza para no romper ese globo de cristal que tenemos por autoestima.
Y hablando de intérpretes y música, el otro dia descubrí un programa de Radio Clásica que me dejó hipnotizado. Se llama Rumbo al Este y lo conduce Maja Vasilijevic. Me han dado ganas de escribirle y pedirle que nos haga un lista musical para el Instituto, o, por decirlo de una forma que no suene tan banal, que comisariase una exposición musical que pudiera sonar un día a la semana. Sería bonito hacer algo así con personas expertas y cultivadas en diferentes estilos musicales, ¿Verdad?
Te dejo una de las canciones que sonó, para que la escuches, como hice yo, con unos sorbos de whisky (o lo que te guste beber), para ritualizar el final del día.
¡Ah, una cosa!
Antes de que se me olvide: Sergio A. Leiva y Jorge G. Sancha están terminando el proceso de revisión de candidatos a nuestro programa de Dirección de Producto (pdf). Se han pegado una matada de entrevistas tremenda y por lo que sé el nivel es muy bueno. Aún quedan unos cuantos días, así que si te ves (o ves a alguien) cuyo anhelo sea precisamente el de ser ese tipo de persona que describo arriba, avisa o escríbeles.