La gente de Mnemosyn está acordonando un perímetro alrededor del hueco por el que me caí. Están peinando la zona con drones, buscando la entrada a la cueva. El zumbido llega hasta aquí, mezclado con el ruido de la lluvia.
Flor acaba de irse. Sus palabras aún me taladran: “Me das miedo”. Me ha dejado aquí tirado, en la parte de detrás de una gasolinera, como quien abandona a un perro. Hace cinco días que huí de mi pasado. Acabo de perder mi presente y allí, a lo lejos, una empresa se está apropiando de la puerta hacia el futuro. ¿Para qué seguir aquí?
La lluvia ya no me enfría; el agua se evapora en mi piel. Veo a Mercedes y su puto Marcos, a Natalia y a Flor riéndose de mí a carcajadas. Me habéis quitado mi tiempo, me habéis echado de esta vida a empujones. No es tristeza lo que siento, no es miedo. Es ira. Una ira que me llena los pulmones, que me endereza la espalda. Que os den a todos.
Miro hacia el restaurante. Dentro estará Don Antonio, en el cuartucho, esperando a que su hijo muera. ¿Merece la pena algo de todo esto?
Noto como la sensación de vacío en mi pecho se está convirtiendo en calor. El ardor sale de dentro y se extiende por mi cuerpo como una brasa siendo soplada.
Corro hacia el hotel, con los puños cerrados.
Me planto frente al ordenador. Tecleo rápido. Las manos me queman. Siento mis dedos ardiendo, las llamas rodeando mi cuello, subiendo, hasta mis ojos incandescentes. La recepcionista me mira raro, pero no me importa. Imprimo lo que puedo: titulares, resultados deportivos, cotizaciones, cualquier cosa que me dé ventaja. El papel sale caliente. Lo doblo y lo meto en la mochila.
Me acerco al mostrador de recepción. La pobre chica está aterrada. Arranco una hoja de su cuaderno y escribo: “Gracias por aliviar mi sombra. Nos veremos pronto en otra vida y yo aliviaré la suya”. Lo firmo: “Carlos”. Lo dejo en el mostrador con un golpe.
—Para Don Antonio, que se lo den cuando pase por aquí.
Saco los AirPods: 60% de batería. Suficiente. Me los pongo, sin encenderlos y salgo hacia el monte, hacia la salida de la cueva, detrás de la colina.
El suelo está blando y resbaladizo por la lluvia. Mis zapatillas se hunden en el barro, pero no me detengo. Mientras subo, el ruido de Santa Olalla desaparece. Ya sólo escucho el crujido de las ramas bajo mis pies y el pitido leve de mis oídos, ese tinnitus que no se va nunca.
Llego a la boca de la cueva, un agujero negro entre las rocas, como una garganta que respira aire frío. Me paro frente a ella, con la mochila al hombro, y miro dentro. No veo nada, pero lo siento: ese cosquilleo metálico en la piel, ese olor químico que me revuelve las tripas.
El zumbido de un dron rompe el silencio, a lo lejos. Pienso de nuevo en el motivo de que se haya alterado el futuro que yo vi, en lo que ha traído aquí a los de Mnemosyn… En la mirada del jefe de la cuadrilla cuando se despidió de mí.
Ahora lo entiendo: ni yo he contado nada a nadie estos días, ni ha llegado a sus oídos la leyenda de la cueva. Estaba equivocado. No están aquí por ninguna de esas posibilidades, sino por una tercera, la única plausible. La he tenido delante de mis narices todo este tiempo y no la he visto:
Yo estaré en 2023 en Montreal, junto a De Santos.
El eco rebota, como si me contestaran. Sigo andando. El suelo baja, el aire me empuja. Los zumbidos empiezan a rodearme, pero los AirPods los mantienen a raya. Voy a cruzar esta cueva las veces que haga falta.
A partir de ahora, el tiempo es mío.
FIN
Gracias por haber seguido todo el relato.
Mantendré los 12 capítulos públicos y en abierto durante dos semanas, para que dé tiempo a leerlo entero. Después lo convertiré en libro electrónico para Amazon Kindle, donde ya está otra de mis novelas cortas: Mnemosyn, que obviamente conecta con esta, en cierta manera.
Si quieres leer Mnemosyn pero no usas Kindle y prefieres otro formato, escríbeme a javier@terremoto.net y lo resolvemos.
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Mnemosyn (4,9 ***** en Amazon Kindle)
Murchison (4,5**** en Amazonn Kindle)
Volver a empezar / parte 2 (parte 3 próximamente)
Serie Hipérboles
Hola, Javier, gracias por el cuento/novela. El contraste entre la vida ordinaria, como del episodio con los camiñoneros, con la trama fantástica del viaje en el tiempo es muy interesante. Yo había sospechado que el final sería tal cual, pero tenía esperanza de que Flor regresaria con Carlos. En el dominio filosófico tiene todo el sentido: viajar en el tiempo concede a quien lo hace un grande poder. No sé pero si seríamos capaces de asimilarlo a la nuestra vida consciente. Creo que nos volveríamos locos al instante.
Me ha gustado mucho, pensaría que con una entrega por semana perdería un poco el hilo de la historia, pero no fue así (soy de los que ven series y consumen libros del tirón).
Me gustaría saber si siempre escribiste semana a semana (o alguna vez escribiste más de un capitulo del tirón), y también si la historia que se formó en tu cabeza al iniciar el relato es la misma que concluyó.
Gracias Javier!