Padrinos y Madrinas
Hay un apartado en el temario del programa de iniciación al diseño que abriremos mañana que hemos titulado "Buen profesional es quien bien profesa". Empieza así:

Esa página pretende introducir la idea de que una profesión no es sólo el ejercicio técnico, sino que esa práctica debe ir impregnada de propósito consciente: "hago bien lo que hago porque lo comprendo y porque sé por qué lo hago".
Sin embargo, una profesión no sólo es un ejercicio, también es un grupo de personas, un conjunto de prácticas informales, de creencias, de costumbres no escritas, rituales, formas de hacer y de relacionarse. La profesión es todas sus comunidades, sus ritos, sus filias, grupos, subgrupos, canales y lenguajes... La profesión es "lo que hago" pero también es "la manera en que hacen los que hacen". Puede gustarnos o no, pero es así.
Para alguien que llega nuevo a la profesión, adentrarse en todo ese bosque de complicidades, contactos, costumbres y códigos es intimidante o, cuando menos, lleno de incertidumbres. Me planteaban algunas de estas cosas mis alumnos de este año, con mucha razón, cuando hablábamos de los retos y miedos de quien empieza en la profesión, de lo que no te dan en las escuelas.

Me fui el jueves al refugio pensando en esto, en cómo ayudar a nuestros iniciandos —esos doce mejores juniors— a que entren en este sector con conocimiento, conciencia y seguridad; cómo hacemos para que no se sientan como quien entra a oscuras en un espacio desconocido, con temor y tanteando.
La clave está precisamente en ese profesar. Es fácil ver que si algo une a todas las personas que están en el Instituto Tramontana es un cierto código de mejora no sólo de sí mismos sino también de sus entornos; un deseo no de encajar en el mercado, sino de mejorarlo, y una actitud hacia su profesión como algo que va mas allá de la eficiencia técnica.
He ahí la solución: que esas personas más "mayores" amparen y apoyen a quienes empiezan, que les acompañen en esos meses iniciales de incertidumbre en todas aquellas cosas que difícilmente se aprenden en las clases.
Esta misma semana empezaremos a trabajar en ello: un plan en el que alumnos (o exalumnos) más senior se comprometen con los que empiezan. Los más experimentados actuarán como mentores, como un hermano o hermana mayor o, mejor aún, como padrino o madrina —que es el nombre que probablemente le demos— de quien empieza a avanzar compartiendo el mismo espacio y profesando esos mismos propósitos.