Olor a candela
Si las vacaciones son para descansar y tomar distancia, las mías fueron la semana pasada. Cinco días de cortar leña sin parar y pelear con el frío en noches de -7º en el refugio me sirvieron para desatascar varias tareas en las que estaba siendo cuello de botella.
La primera es el programa de Diseño de Mensaje y Narrativa que dirige José Luis Antúnez. Faltaba completar algunas partes del dossier, que nada importante quedase sin decir, más allá de las ideas que tiene Antúnez para esos seis meses, que tienen una bonita combinación de sustrato y elevación, de mirar hacia lo hecho y enseñar a proyectar hacia adelante. Su programa será los viernes por la tarde, igual que el que dirijo yo, cosa que me fastidia infinito, porque me habría gustado quedarme en el salón contiguo pegando el oido.
Hay una coincidencia especial, algo poética, en lo que pasará los viernes por la tarde en el Instituto estos meses: en la sala más al sur estará el programa de Mensaje y Narrativa (el producto como historia) y en la más al norte la de dirección de producto, los hacedores, los que convierten ideas en realidad. En la sala del medio se imparte el de diseño de interacción, que tiene una pata en cada lado. Se me hace divertida esa continuidad y que además ocurra de norte a sur, como el eje de Ulm a Cádiz, donde cuanto más arriba más ingenieros y más abajo más creadores de lo vivencial.
La otra cosa que he conseguido desatascar del embudo que soy a menudo en el Instituto es la estructura didáctica de un programa para formar a los doce mejores diseñadores junior de España este año. Hay muchos cursos de embarque profesional al diseño digital, pero adolecen casi todos de una industrialización que repercute en la calidad. Creo que en eso estamos muchos de acuerdo, pero en lugar de criticarlo, mejor hacer algo al respecto ¿verdad? Llevamos muchos meses hablando de cómo hacer esto mejor y creo que ya lo tenemos. Tiene que ver con el equilibrio entre teoría y práctica, con prestar —ojo a esto— una atención y un acompañamiento inmejorable a los alumnos (tendremos un profesor por cada cuatro alumnos, sí) y con que todos los profesores y directores del Instituto se vuelquen con los alevines y el programa. Preparar bien a los que empiezan es lo más importante que vamos a hacer, como escuela y como sector. No podemos tomárnoslo a la ligera.
Si en tu empresa váis a contratar a juniors de diseño, avísame porque quizás nos convenga hablar.
El temporal parece que amaina y repaso las fotos de estos días, echando un poquito de menos el tiempo en la aldea. Me acuerdo de la carne al fuego, cuando los troncos de la mañana habían dado ya buena brasa.

O de las tortillas de la noche, en el descanso del trabajo, con los huevos de las gallinas y patos de V. que se pasean libres por la aldea. Esta foto es de cuando me los subía al refugio. Por el color seguro que sabes de qué bicho es cada uno:

En un acto de masoquismo le pregunto a V. si ha nevado en la aldea y me manda esta foto.

Qué ganas de volver y que, como dice Jara, me vuelva a oler la ropa a candela.