¿Recuerdas la película Wall·E, esa de Pixar que cuenta la historia de amor entre dos robots, él obsoleto pero romántico empedernido y ella muy avanzada pero fría y racional?
La historia es un romance, sí, pero ocurre en un contexto muy interesante, uno en el que la humanidad, a fuerza de priorizar el confort sobre todo lo demás, acaba perdiendo la capacidad de andar, de pensar y hasta de hablar. Todo eso ocurre gracias a una empresa: Buy’n’Large, y sus productos para que los humanos de la película no tengan que esforzarse en nada.
Humanos que ya no saben caminar porque se mueven en sillas automáticas, que apenas saben hablar porque se pasan el día enganchados a entretenimiento audiovisual, que han renunciado a toda su autonomía a camnbio de confort…
El resultado a corto plazo es delicioso, a largo es la atrofia.
Dudo que el objetivo de Buy’nLarge fuese malicioso. El objetivo de esas sillas, esas pantallas, esos robots y esos sistemas, no es someter a las personas, es hacerles la vida más sencilla y placentera.
¿No es ese el fin del diseño? ¿No estamos, acaso, para crear productos adaptados a las personas, para satisfacer sus necesidades?
¿Qué hicieron mal los diseñadores de Buy’n’Large? ¿Fueron demasiado lejos? ¿Atacaron las necesidades equivocadas?
¿Cuáles son las necesidades adecuadas y cuáles las equivocadas?
Decía Steve Jobs que los ordenadores son una bicicleta para la mente, dando a entender que, igual que una bicicleta optimiza la conversión de fuerza a movimiento cuando queremos desplazarnos, el ordenador hace lo mismo con nuestra capacidad de pensar: procesa más información, más rápido que cualquier cerebro.
Pero… ¿En qué punto el ahorro de esfuerzo empieza a ir en detrimento de nuestras capacidades y nuestra autonomía? ¿En qué momento, o por qué mecanismos, nos vovemos dependientes de esas tecnologías y ya no somos capaces de hacer cosas sin ellas, como una persona que de tanto andar en bici ya no fuese capaz de andar con normalidad?
Idiocracy, plantea, desde la comedia, un escenario similar: la humanidad se aboca a la ruina social en un proceso de idiotización progresivo en el que sólo importa consumir, porque las marcas se encargan de proveerlo todo: el agua, la sanidad, la educación…
En una de las escenas más hilarantes, nuestro protagonista, que viene del pasado, necesita tratamiento médico. En el hospital le indican que se introduzca unos sensores por sus orificios corporales y que pulse el botón del pictograma que mejor represente sus síntomas. Es el principio de Hick llevado al extremo, reducir las manifestaciones y oportunidades de la vida a unas pocas opciones, la anulación de la individualidad.
De nuevo, ¿diseñar para las personas, en toda su naturaleza? ¿Aceptar sus miserias, sus vicios, defectos e imperfecciones y hacerlos parte del briefing?
Cualquier equipo de diseño dirigido por investigación de usuario nos dirá que la user persona es la que es y eso manda; que atender a todas sus flaquezas, limitaciones y es, cuando menos, imprescindible. Y cuando más, una oportunidad de negocio.
¿Es ese el único camino?
En la mitología griega, Prometeo, de origen divino, crea a los seres humanos como figuras de barro. Les da unas proporciones perfectas y una forma armónica, a semejanza de los dioses. Pero, consciente de que son imperfectos, que nunca llegarán a ser como las divinidades del Olimpo, decide terminarlos con la cabeza erguida y la mirada hacia el cielo, para que puedan ver, observar e imitar a los dioses, para que en ellos esté siempre el anhelo de mejora y el instinto de superación.
Leica diseña cámaras muy avanzadas, con una calidad óptica excepcional y unos materiales y acabados únicos. Sin embargo, en una Leica M, por muy moderna que sea, el enfoque y la apertura son siempre manuales, pues en esas decisiones está el criterio de quien hace la foto. Al enfocar, decidimos a qué debe prestar atención el espectador. Y al definir la apertura del diafragma de la lente, que determina la profundidad de campo, se decide cuánto de lo que sale en la foto estará enfocado. El enfoque y la apertura son decisiones ‘editoriales’ que modifican el mensaje de la fotografía. Por eso, aunque cueste aprender a tomarlas, para Leica, debe ser el fotógrafo quien las dirija.
En el diseño de Leica hay un compromiso con la persona y su mejora como fotógrafa. Leica no dice “aquí van unos algoritmos y unos filtros para maximizar likes”. Leica te dice: yo quiero que saques fotos más bonitas, pero tienes que mejorar como fotógrafo, vamos a ello”.
iA Writer es una herramienta para escribir textos. Nada más. Está diseñada con el propósito de que quien escriba se centre por completo en la escritura. Y le facilita algunas tareas a quien la usa. Pero iA Writer no interfiere ni sustituye a quien escribe. No hay inteligencia artificial integrada en el editor, ni ChatGPT que redacte un “mail de ventas convincente”, al menos por ahora.
Pensando en ese ejemplo, la pregunta es obvia: ¿Nos estarán atrofiando la capacidad de escribir las IAs textuales o nos ayudan a escribir mejor? ¿Queremos que las diseñe Buy’n’Large o Leica?
Cada decisión de diseño que tomamos, cada vez que simplificamos un proceso, que lo orientamos secuencialmente, que reducimos la complejidad de algo, estamos haciendo que las cosas sean más sencillas. En la esencia más profunda de nuestro trabajo hay un peligro de atrofia hacia nuestros usuarios. Es inevitable.
¿Qué coste cognitivo debemos reducir: el de las cosas importantes o el de las accesorias? ¿Y cuánto? ¿Dónde está el límite? ¿En qué momento reducir la carga cognitiva empieza a ir en detrimento de la autonomía y la creatividad de la persona?
¿Diseñar mirando a los dioses o a los hombres?
Tras el verano
En septiembre impartiremos el Programa Vostok de diseño digital en A Coruña, codirigido por Danny Saltaren, Isabella de Cuppis y yo mismo. Mis clases se centrarán en las grandes ideas, en la historia y la filosofía que impulsa lo que hacemos quienes creamos productos digitales.
El programa, que ya han cursado algunos de los mejores responsables de producto de España, durará algo más de tres meses, con clases presenciales acompañadas de lo mejor de Design Graduate. Aún estás a tiempo de apuntarte si vives en Coruña o tienes forma de acercarte a las clases de los jueves.
Que reflexión más potente. Elegir las palabras adecuadas es algo muy importante y creo que ceder esa responsabilidad a otro es como poco triste... De ti aprendí que, cómo escribes, habla de quien eres y desde entonces nunca un cierre de exclamación sin su apertura previa :) .
Javier, justo ha llegado tu escrito después de escuchar un podcast sobre AI, reconforta leerte... más de lo que imaginas. Aunque estamos en un momento convulso con cambios que marcaran nuestro próximo presente, cada vez más pienso que todo lo estamos automatizando, clonando, dejando que otros (sea AI o no) influyan más en lo que decimos, pensamos y en cómo diseñamos. El otro día les dije a mis hijos que había que ponerse las pilas con la filosofía, el pensamiento crítico y una visión humanista porque lo que viene necesita de esas cualidades para generar diferenciación.
Me encanta leerte, con ganas de escucharte pronto alrededor de una mesa.