La dificultad de un cartel
Hace unos días, nos pidieron un curso a medida, de unos pocos días, para dar foco en dirección de producto a un grupo de personas del entorno startup. Ha sido fácil diseñar un buen temario: Jorge y Sergio saben muchísimo de dirigir productos. La dificultad ha sido en algo que pensarás que es banal: el cartel.
Un cartel expresa un propósito, una misión. Debe recoger los elementos de identidad de quienes lo asumen y contar cosas acerca de su naturaleza. Y además, debe tener fuerza emblemática, que queramos enseñarlo, lucirlo y colgarlo una vez que hayamos completado la misión, seamos alumnos o profesores.
Hemos diseñado una identidad que asocia colores y formas con los tipos de formación: azules y objetos para programas ejecutivos, rojos y texturas para programas profesionales, verdes y líneas para cursos de especialización. Todo tiene su metáfora, si lo piensas: el directivo que abarca tridimensionalmente, el profesional que actúa sobre una cara del producto y la especialización como una linea estrecha que se adentra en un recorrido.
Hemos diseñado una identidad que asocia colores y formas con los tipos de formación: azules para programas ejecutivos, rojos para programas profesionales, verdes para cursos de especialización y ocres para charlas y grupos de estudio.
A la vez, usamos volúmenes para los ejecutivos, texturas para los profesionales, líneas para los cursos de especialización... Todo tiene su metáfora, si lo piensas: el directivo que abarca tridimensionalmente, el profesional que actúa sobre una cara del producto y la especialización como una linea estrecha que se adentra en un recorrido.
El que nos han pedido no es un curso abierto sino privado, y en el ámbito del producto, que es mucho más amplio que hablar de diseño, de narrativa, marketing o investigación.
El cartel del programa de Dirección de Producto es azul, con una esfera formada por capas hojaldradas, simbolizando las múltiples áreas que componen el producto. En este caso no podíamos heredar el azul, pues se trata de un curso de especialización, aunque sea privado. Tenía que ser verde y teníamos que expresar la tridimensionalidad del producto, su completitud pero también su naturaleza iterativa y dinámica. Este es el cartel que ha diseñado Isabella, de forma, creo, casi visceral:
La formación a medida es la más difícil de todas por sus limitaciones. No es estandarizable: cada organización tiene sus especificidades, por muchos momentos comunes que compartan entre ellas. Además debe satisfacer tanto a la organización que la contrata como a las personas que asisten.
Lo más difícil, en mi opinión, viene de la duración. Tres días son muy poco y es complicado encontrar un buen equilibrio entre la reflexión y lo práctico; lo uno no puede vivir sin lo otro. De lo contrario estaríamos formando a ejecutores que hacen lo que hacen otros, y clonando no hay mejora.
A ese equilibrio, que a veces es un contrapeso y otras un camino, lo bautizamos en latín —a riesgo de sonar pedantes— para ir a lo alto de la etimología; nos ayudó alguien sabio que usa el latín a menudo: Intellige por piensa, entiende y aprehende, idea y marca estrategias. Y Crea como haz, realiza, proyecta y ejecuta.