Gibson, Fender, Moulinex.
He llegado corriendo al Instituto para evitar que se me adelantase y hacerle esperar. Hemos hablado de Fender, de Gibson y de todos los motivos por los que la estética es muy importante en una guitarra eléctrica. ¿Podrías enumerar 3?.
Entre café y minicroissants, hemos terminado dando saltos de lo acústico a lo eléctrico y de ahí a lo electrónico. Y hemos decidido ponernos a trabajar en un curso sobre eso, sobre el diseño del instrumento (el dispositivo, vamos), el contexto de uso y el tipo de contenido, la función que cumple. De los violines de Stradivarius a los sintetizadores de bolsillo de Teenage Engineering, instrumentos y diseño. Instigado por Samuel Gil.
(Suena Under the Milky Way, de Church; sugiero que te la pongas)
Al rato, videollamada para conocer a Javier Suárez Quirós, de la Universidad de Oviedo. Lleva ya años enseñando, trabajando e investigando sobre lo acústico. Coincidimos en perspectiva, en entusiasmo hacia el tema y en la idea de ser capaces de enriquecer discurso y formación en ese ámbito. En especial para productos digitales, pero no únicamente. La diferencia es que Javier me lleva años de ventaja en profundidad, perspectiva y práctica.
Me sugería Javier, hablando de aplicaciones ¿por qué no usar el mismo lenguaje acústico en todos los electrodomésticos de una cocina, la tostadora, el microondas, la nevera? y yo le hablaba de la direccionalidad de lo sonoro en la enseñanza en remoto, en lo importante que es sentir a unos y a otros aquí o allá, más que verlos. Él respondía explicándome que somos infinitamente mejores detectando patrones mediante sonido que mediante la vista, y que si sonificamos los grandes datos, la escucha nos daría mucha mejor capacidad de análisis. Se me erizaba el vello de los brazos, pero él no lo veía.
Me recordó a cuando diseñamos Ducksboard (después adquirido por New Relic). Me quedé pensando cómo podría haber sido ese producto de datos si hubiese sido mixto: imagen, movimiento, sonido; o qué sonaría y cómo si fuese, directa y exclusivamente, acústico. Y no, no sería la versión sofisticada de la campana de las propinas de un bar.
Esa, para mí, es la recompensa a tantas horas de trabajo (y un sueldo poco competitivo): me paso el día aprendiendo de unos temas, estudiando otros y conociendo a gente interesantísima. Las reuniones más gratificantes son esas en las que nos pasamos el rato echándole ingredientes al guiso del diseño, sabiendo que lo estamos enriqueciendo.
Cada vez me siento más seguro de esta idea: el diseño se enriquece desde lo externo a él, añadiéndole conocimientos de otras disciplinas. Pero se refuerza justo al revés, cuando reflexiona sobre sí mismo y se convence de su rol en la sociedad. En otras palabras: crece mirando hacia afuera y se consolida mirando hacia adentro.
Uno también tiene sus referentes cuando se trata de lo segundo. Con algunos de ellos nos juntamos este martes por la tarde, precisamente para eso, para escuchar, aprender y debatir cómo el diseño se relaciona con la sociedad. César Astudillo hablará de diseño e ideología, Alberto Barreiro de diseño como agente de cambio social y Xènia Viladàs de las maneras en que el diseño incentiva el negocio. Vaya tres, ¿eh? Yo también hablaré, que el tema me . Trataré de demostrar cómo el diseño es mucho más hijo de lo cultural de lo que nos creemos, por mucho que pensemos en su neutralidad y su atemporalidad. Y, como siempre, lo haré disparando ejemplos históricos, por aquello de dar perspectiva histórica.

El evento será presencial y remoto, con una producción audiovisual de lujo, para que quien se inscriba lo pueda ver en la comodidad de su salón, dejando que la mesa de realización vaya cambiando entre las tres cámaras que lo estarán cubriendo. A medio camino entre "La Clave", un documental de National Geographic y una peli de Nolan.
Guitarras, sintes, sonido, encuentros... lo grande y lo pequeño, lo tangible y lo espacial, lo presencial y lo acústico. Los saltos constantes de este año tan singular.