Entrevistas y notarías
Han pasado 48 horas desde que publicamos el dossier del programa profesional de diseño de interacción y ya van media docena de solicitudes. Esto me ilusiona y también me estresa un poquito, porque tengo que organizar encuentros con mucha gente, la agenda se me llena progresivamente de cuadraditos de color rojizo y me empiezo a angustiar por las decisiones que tendré que tomar.
Entrevistar a personas para decidir si puedo o no aceptarlas en un programa (y para que ellas vean si les encaja) es de las cosas más difíciles que hago. Desde que fundé Vostok, hace doce años, he podido rechazar proyectos porque no encajaban con nuestro enfoque o porque no sentíamos que éramos el equipo adecuado para esa necesidad. Eso era mas sencillo que decidir si una persona que quiere formarse encajará bien en el programa que uno imparte. Lo primero son “negocios”, lo segundo es inevitablemente personal. Cuando le dices que sí a una persona, todo es ilusión mútua y ganas de empezar. Cuando la respuesta es un no, por muy razonado que lo hagas, sabes que puedes estsr hiriendo un poquito a esa persona.
Hay quien se lo toma con elegancia, otros con deportividad y otros, los mejores, te preguntan cómo seguir avanzando. Qué bien cuando te topas con esa actitud. Y qué sabor amargo en la parte trasera de la boca cuando sabes que alguien se queda con el ego dolido.
Acabo de pasar por el estudio de camino al notario y estaba todo patas arriba —estamos con el zafarrancho de mudanza— auque Ana e Isa trabajaban tranquilas, la luz era cálida y había silencio.
Ahora en la notaría hay orden pero todo el mundo va con prisas, la luz es fría, truenan las fotocopiadoras y tabletean furiosos los teclados mecánicos. Y las plantas… Las plantas son de plástico.