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Puedes escuchar esta carta en el podcast "El medio es el mensaje", locutada por mí mismo y con una buena música de fondo, o puedes leerla aquí, lo que te resulte más cómodo.
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Ventanas gigantes se despliegan por todo el salón de tu casa, rectángulos para ver cine, para leer un artículo del New York Times, para preparar una presentación o chequear tu calendario.
Crees haberte puesto las gafas, pero en realidad te acabas de meter dentro del ordenador. Ahora todo ahora es gigante y tú eres diminuto, como Gulliver en su segundo viaje, o como en “Cariño he encogido a los niños”. Ya puedes meterte dentro del sistema operativo. Eres Kevin Flynn en Tron, sólo que rodeado de ventanas de safari y de iconos de escritorio, o mejor Matt Damon en Downsizing, reducido a cinco pulgadas porque el dinero da mucho más de si cuando eres minúsculo.
Entra, pasa, métete en la interfaz, te dice Apple Vision. Salte de ella, te dice ChatGPT.
Inmersión frente a emersión.
Me acuerdo mucho de las clases del profesor Chan:
Ustedes los occidentales necesitan representar la realidad dentro de rectángulos. Dos mil años de pinturas, doscientos de fotografía, cien de cine y cincuenta de computadoras… Se los han pasado enmarcándolo todo en ventanas, primero de madera, luego de plástico y ahora de píxeles.
Para ustedes, lo que está dentro de la ventana es otro mundo, otra realidad. La ventana es una frontera, igual que su cuerpo les sirve de frontera para distinguir entre si mismos y el resto del mundo. Parece que necesitan compartimentarlo todo.
Los asiáticos somos diferentes; nosotros lo vemos todo más holísticamente, más como un todo. Fíjense en los cuadros de nuestros restaurantes chinos: muestran un pescador en el río, una grulla en una charca, niños jugando en el pueblo y una pareja de campesinos trasladando heno en un carro. Todo pasa a la vez, nada es el centro de atención porque lo que importa no son los campesinos ni los niños ni el pescador ni la grulla, lo que importa para nosotros es que todo sucede a la vez, el todo, la armonía.
Ustedes necesitan que todo tenga un centro de atención, un punto de referencia, un protagonista. Nosotros los asiáticos, a diferencia de ustedes, no vemos el mundo desde una ventana. Para nosotros no hay dentro y fuera de mi. Nosotros existimos como parte de un todo.
Se lo digo con claridad: nuestra cultura está más predispuesta a lo inmersivo. Sitúeme frente a ese cuadro y, en el mismo instante en que empiece a contemplarlo, seré parte de él.
Anthony B. Chan, que en paz descanse, dedicó su vida a estudiar la relación entre medios y culturas. No había día en que no nos citase a McLuhan, de quien supe después que había sido discípulo.
25 años acordándome de él y de esa idea: lo inmersivo, romper la ventana, estar dentro de un lugar y fuera de él a la vez.
Zoom y Meet son la ventana. Vidiv es el paisaje chino: estás en el evento, entre la multitud, pero te ves, los ves a todos cenitalmente. Un macroscopio. El McLuhanómetro al máximo y 800 personas el miércoles en la arena. Record de asistentes.
En un par de meses se nos ha ensanchado de una forma casi violenta el espacio de lo digitalmente posible, el territorio de lo diseñable. Nuestra profesión vuelve a ser emocionante.
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