Dieta blanda, Longino y la Condesa
Me he encerrado para escribir de una vez por todas el dossier del Programa Profesional de Diseño de Interacción (el antiguo Vostok), que es germen del Instituto y a la vez el que más está costando de contar.
A ver, entiéndeme, llevo siete cursos y he escrito y reescrito ese documento que lo cuenta tantas veces como años lo he celebrado, pero este me está costando más que los demás. Ocurre que quiero contarlo de otro modo, que quiero saber transmitir lo importante que me parece entender ciertas cosas, como la posición del diseñador entre la cultura y el mercado, o entre la interfaz y su dispositivo frente a la persona y su contexto, pero a la vez quiero hablar de la línea entre el Delectus y la Utilitas, que es la parte más lírica. Quiero decir muchas cosas, explicar lo trascendente de una profesión como esta, pero nada. Escribo y luego releo y veo verborrea por todas partes. Y recorto. Al poco siento que me estoy quedando corto y vuelvo a escribir. Y así todo el rato.
Creo que esto que me pasa es por culpa de la dieta blanda a la que me ha condenado un vírus estomacal que me tiene a medio gas. Intento remediarlo leyendo a trocitos “De lo sublime” de Longino, a ver si se me pega algo, pero nada de nada. Así no hay quien avance.

A ver, que no todo sea drama; de entre todo lo que escrito creo que hay un fragmento que cuenta bien lo que quiere contar:
El trabajo del diseñador de interacción tiene una particularidad muy bella: hace y cuenta a la vez, no siempre al mismo tiempo; el diseño de interacción existe en un lugar nuevo entre el diseño industrial y el gráfico, entre la herramienta y la narración.
Un navegador gps es a la vez un mapa, un guía, una brújula y un relato, según el modo en el que se opere. Nos enseña el todo, las partes y el recorrido. Es la síntesis de ese lugar nuevo de lo interactivo, entre el mensaje y el instrumento, entre la narración y el uso, como la luz, que a veces es onda y otras es partícula.
Mientras cenaba (merluza al vapor con arroz salvaje), me he topado con una respuesta a esas preguntas entre simpáticas y sentidas que hace J. L. Antúnez por twitter. Hoy ha preguntado cuál es la obra de arte que nos mueve por dentro cada vez que la vemos. Ha habido una respuesta que me ha encantado, por lo inesperada y certera: alguien ha contestado que la Condesa de Vilches, que es un cuadro de Madrazo que está en el Prado. Dime ¿Tiene o no tiene la muchacha una sonrisa para darle un abrazo?