Deberes que emanan del corazón
¿Cómo se reparten los electrones en las órbitas de un átomo de hierro? ¿Te acuerdas tú?
El asunto es tema de examen para mi hijo mañana y hoy, al salir de clase, se ha venido al Instituto (al Tramontana, no al suyo) a que le ayudase a repasarlo. Lo que él no sabía es que todo eso lo logré pasar chuletas mediante y no recuerdo ni la mitad. Esperaba que la madurez y la mejora en didácticas actuales me permitiese entenderlo ahora, pero al sentarme a repasarlo con él he sentido la misma impotencia que hace treinta y algo años. Me lo he llevado a comer una hamburguesa y le he sugerido que buscase a alguien que lo contase bien en Youtube. Bendita red.
No es la primera ni la última vez que se viene al Instituto a hacer deberes, estudiar o hacer tiempo para que vayamos a comprar algo juntos. Tampoco es el único niño niño. Somos varios padres y madres y es común que nos llevemos a los pequeños al trabajo en alguna ocasión. A los demás no les estorban y para los pequeños hay algo de especial en esas permutas. Por fortuna, el Instituto Tramontana tiene suficiente espacio y eso es posible, cuando alguien prefiere no quedarse en casa.
Somos padres, madres, hijos, hermanos y hermanas, parejas de otros y otras… Es imposible desligar eso del trabajo. Cuidamos algunas veces y nos cuidan otras. La familia importa como un deber que emana del corazón y subyuga a todos los demás. No los anula, símplemente impera sobre ellos. Lo llevamos inscrito en el firmware, como una inscripción que dijese “Designed in the Mediterranean” grabada en nuestros cogotes.
Quienes decidimos tener hijos conocemos bien la sensación de renunciar a algo para que lo tengan ellos. Para que ellos lean tú no descansas, para que ellos descansen tú no te diviertes y para que ellos se diviertan tú no lees. Es un desistimiento consciente, una desventaja altruista, bella pero difícil.
Hace ya más de un año que le damos vueltas: si podemos tener una persona que sirve cafés o refrescos a quienes están en clase, ¿por qué no podemos cuidar de los hijos e hijas de quienes se forman en el Instituto mientras duran esas clases? ¿Cómo podemos hacer para entretener a los pequeños en ese rato, qué hace falta para hacerlo bien? ¿Cómo hacer que sus padres o madres puedan desentenderse tranquilos?
Va a ser complejo, por lo organizativo y lo emocional, pero daremos con una fórmula bonita. Y lo haremos antes de que termine el año. Ser padre o madre no va a ser un obstáculo para formarse, para crecer profesional e intelectualmente en el Instituto. Por estrategia y por justicia. Por nuestra manera de entender el mundo. Por principios.