De Copenhague a Barcelona
A los pocos minutos de empezar una entrevista he bajado la persiana porque el sol me deslumbraba. Media hora después la abría porque faltaba luz. El otoño había llegado exactamente a las 17:23h con un atardecer frío y húmedo, con asfalto de colores y ganas de llegar a casa para cenar caliente.
Mi día en el Instituto ha empezado con una entrega que se hacía esperar: una mesa y cinco sillas de Poul Jepessen, que nos servirán para que los alumnos de los programas trabajen cómodamente y en grupo (o no) en los momentos de prácticas. Alguien decía que nos estamos gastando mucho dinero en decoración, pero lo cierto es que comprar muebles clásicos usados, con criterio y astucia, puede salir hasta más barato que comprar cosas nuevas. No entro ya en la ética y y la estética de darle una segunda vida a muebles hechos con muchísima calidad y madera de primera hace más de cincuenta años.

Hay muchas cosas que no me gustan del modo de ver el mundo escandinavo, pero reconozco que su aproximación a los muebles —la de entonces, no la de ahora— fue magistral. El buen mobiliario danés de mediados de siglo es honesto en materiales, cómodo en el uso, cálido en lo sensorial, sensual en lo formal, elegante pero discreto. No está mal como propósito de diseño o, si me apuras, como aspiración vital.

El sol que acariciaba las Jepessen ha pasado rápido el testigo al encapotamiento que nos ha hecho encender, por primera vez de verdad, la lámpara que diseñó nuestro Miquel Milà hace también unas cuantas décadas. De nuevo, del norte al sur, de Copenhague a Barcelona.

Vamos probando la iluminación que se usará durante las clases, que para mi es casi lo más importante de un espacio, a sabiendas de que la mitad de las horas lectivas que tengamos será de noche y que la luz indirecta creará ambientes mucho más agradables y propicios a la reflexión que luz dura de techo. No soy un experto en esto, pero sé suficiente como para entender cómo afecta a los estados mentales, a las predisposiciones.
¿Lo has pensado alguna vez? ¿En qué momentos tienes mayor inclinación a reflexionar, qué luz es la que acompaña esas situaciones? ¿Tratas de controlarlo?

Hemos cenado revuelto de boletus. Nos los regaló Ana, que regenta un restaurante cerca del refugio. Con la lluvia fuera, hemos descorchado una botella de tinto y hemos brindado por la llegada del otoño.