Conspiración
Decía McLuhan que cuando el libro pasa de ser leído por uno y escuchado por muchos, antes de la invención de la imprenta, a mantener una relación de 1 a 1 entre libro y lector, todo cambia. Ese invento —el libro portátil— nos transforma individual y socialmente. Piénsalo: en el momento en que una persona tiene su propio libro en sus manos, se establece un diálogo íntimo y silencioso entre escritor y lector. Nadie puede saber qué ideas germinan en la cabeza de quien lee. Esa relación es, para McLuhan, revolucionaria. En sus palabras, tras la imprenta, el libro pasa de ser un medio de inspiración a ser un medio de conspiración. Imagina las consecuencias.
¿No te parece una idea fascinante?
Con las cartas que mando siento que pasa parecido. Estos mensajes que mando llegan a muchas personas, pero en realidad llegan muchas veces a una sola, cada vez distinta. Me explico: yo escribo pensando en ti, que puedes ser un tipo de 50 años que dirige una empresa o una investigadora de usuario de prestigio o un estudiante de diseño… No pienso en muchos, pienso en una sola persona cuando escribo. El mensaje llega a tu bandeja de entrada, no a un sitio público. No es un papel colgado en una farola, es un papel en tu buzón y lo leerás a solas, aunque estés rodeado de gente.
Llevo publicando cosas en internet desde 1996 y manteniendo un blog desde el 2000. He publicado mucho. Sin embargo, nunca había sentido tanta intimidad y tanto sentido de conspiración como con estas cartas. Y lo noto en las respuestas de bastantes personas, que contestan sintiéndose destinatarias, alegrándome como cuando antaño llegaba al buzón una carta de papel.
Es paradójico ¿verdad? En la era de los videoblogs, del transmedia, de redes sociales y mil formatos nuevos cada día, el modo en que mejor conecto con quien comparte mis intereses es una puñetera carta escrita en texto plano. La escribo en un folio en blanco y la mando desde una plataforma que apenas me da estadísticas, ni falta que me hacen.
Me cuesta, sin embargo, diseccionar los elementos que hacen que en una comunicación se cree cierta complicidad. Creo que hasta prefiero no pensar en ello, por mantener la idea pura, por evitar que alguien acabe convirtiéndolo en un libro perverso titulado “Conversión mediante complicidad. 100 claves para conectar con su audiencia y multiplicar sus ingresos”.
En la charla que di cuando presentamos el programa de iniciación al diseño hablé un poquito de estas ideas. También mostré algunos cuadros del s. XV y el XVI, en los que la gente —rica o pobre—gustaba de ser retratada leyendo sus propios libros, presumiendo de ellos, como cuando hoy nos dejamos ver con el último cacharro tecnológico. Estas son algunas de las imágenes que mostré:



Ten muy buen fin de semana y aprovecha para conspirar con algún libro.