Hace unos meses publiqué un podcast titulado “El fin de la interfaz”. Ha tenido docenas de miles de descargas desde entonces. Si lo escuchaste, recordarás la idea principal: el tiempo de la interfaz gráfica de usuario está concluyendo.
La pregunta que muchas personas se están haciendo es obvia: ¿Y ahora qué? ¿Qué pasa con el diseño digital? ¿Qué pasará con las pantallas, los sistemas de diseño, Figma y todo el sector?
Mi etapa como diseñador digital, como entendemos hoy la profesión, está terminando tras veinticinco años; tengo pocas certezas y esta es una de ellas. Las últimas semanas las hemos dedicado a destilar esas observaciones, experiencias y pensamientos en unas cuantas ideas entre el presente y el futuro:
Aún hablamos con ordenadores igual que los científicos hablan con chimpancés: iconos, símbolos y gestos.
Las pantallas son el telégrafo, la voz es la fibra óptica.
Diseñar pantallas fue una profesión, ahora es un oficio, pronto una artesanía.
En un entorno de voz, la marca es tono, timbre, estilo de conversación.
Si la voz es la marca, la conversación es la experiencia.
En la voz y en la conversación está nuestro próximo territorio de diseño.
La verosimilitud de una marca es la misma que la de un personaje.
Crear productos interactivos será como dirigir cine: actores, escenas, diálogos.
Una IA de voz es útil sólo cuando trabaja y resuelve.
Un medio nuevo demanda un vocabulario nuevo.
Las ideas están desarrolladas en este pequeño dossier. Algunos sentimos excitación ante este cambio de ciclo, otros sienten inquietud. Compadezco a los que no sienten nada.
Aún diseñamos y nos comunicamos online mediante iconos, símbolos y gestos, como científicos con chimpancés ¿No te das cuenta?
Excelente post! Y en efecto, cuando lanzaste el podcast del Fin de la Interfaz lo compartí con varios colegas. Sin haberlo pasado en limpio, tengo la idea de que la combinación de interfaz de voz y pantalla generan el mejor resultado posible en muchos ámbitos: la interfaz de voz sirve para requerir información filtrada, y la pantalla es más efectiva para mostrar una serie de resultados. El límite de la interfaz en pantalla es la cantidad de píxeles disponibles, y el límite de la interfaz de voz es la linealidad en el tiempo. Pongo un simple ejemplo:
Supongamos que queremos ordenar comida en una aplicación de delivery. Una aplicación sólo puede mostrar cierta cantidad de controles y resultados y filtros a la vez, antes de volverse imposible de navegar. El lenguaje es muchísimo más directo, atraviesa todos los filtros de la aplicación pero también permite crear nuevos, con una simple enunciación: "Quiero ordenar algo que llegue dentro de los 30 minutos, que comí esta semana y que no cueste más de 15 euros". La cantidad de filtros y botones que se ahorra el usuario con una enunciación tan personal (y esto es importante) triunfa frente a una interfaz tradicional.
Ahora bien, ¿qué pasa si la aplicación devuelve 5 o 10 resultados? ¿Es mejor mostrar esos resultados en una pantalla, o expresarlos mediante voz? Siempre que llamo a un número de un banco, odio la idea de tener que memorizar 6 opciones de un mensaje similar:
- si llama por sus tarjetas de crédito marque 1
- si llama por robos marque 2
- etc.
Obviamente, el ida y vuelta de una conversación con una Interfaz de Voz puede resolver varios de estos problemas, pero sigo pensando que en tanto y en cuanto aceptemos o creamos que la respuesta que nos de de primeras, será la mejor.
A mi me está entrando la risa. Menos mal que no me he quitado de LinkedIn lo de Trascendiendo al lenguaje a través del lenguaje 😂😂