Asfalto mojado
En el último mes he tenido dos encuentros deliciosos con dos personas de mi sector que además de cultas, son amables y se saben mover entre los grandes conceptos y los pequeños asuntos en conversación ágil y sustanciosa.
En una salió a relucir la idea de si el diseñador hoy en día está parcelando mucho más de lo conveniente su ámbito de acción, si está acotando de más su perfil, achantándose ante la parte de negocio, escondiéndose de asumir responsabilidades financieras, de arriesgar en la empresa, refugiado en sus píxeles y sus herramientas. La conversación transcurrió frente a un arroz con raya y carabineros.
En la otra conversación se habló de si el diseñador hoy en día está asumiendo proyectos y ámbitos mucho mayores que los que asumía antiguamente, con las fronteras de su atribución difusas y afrontando problemas de escala cada vez mayor. Se mencionaba que si antes el diseño se reducía a lo tangible, ahora lo digital abarca espacios mucho mayores y el diseño de servicios se expande en universos mucho mayores. La duda que se planteaba es si existe —o debe existir— un acotamiento de lo que hace y no hace el diseñador que nos dé certeza y frontera. En la mesa había agua con gas y café.
Ambas personas son diseñadores que saben dirigir a otros diseñadores y han asumido responsabilidad en su empresa. Ambas han vivido y ejercido no sólo en España sino también en paises lejanos, ambas estaban de visita en Madrid.
Pienso en qué hubiese pasado si esas dos conversaciones hubiesen sido una, a tres bandas. ¿Habrían estado de acuerdo? ¿Habría yo disfrutado el doble?
Qué poco me cuesta imaginarme que alguna de estas tardes lluviosas nos juntásemos en el Instituto una o dos docenas de personas, cómodamente sentados tomando algo, mientras disfrutamos de ese partido de tenis respetuoso y bien arbitrado. Tras un rato atendiendo a su conversación, podríamos romper la formación de sillones para que la espontaneidad nos llevase a confraternizar en la biblioteca o el salón, mientras vemos como anochece y las luces se reflejan en el asfalto mojado de la calle Goya.