¿Arquitectos o albañiles?
Óscar Mangas, en un carteo conmigo hace unos días, me comentaba lo siguiente:
Siempre he estado en contra de que los diseñadores solo sepan de píxeles. Pero, ¿por qué existe ese reduccionismo en nuestro país? ¿Por qué mucha gente piensa que el diseño empieza con Steve Jobs y es, en mayor o menor medida, una dimensión meramente digital? Me parece corto de miras y, un tanto, bárbaro.
Me gustó la tangibilidad de la idea de Óscar: marcamos un inicio de la historia de lo digital en Steve Jobs a la manera del antes/después de Cristo de occidente, como si la historia se resetease en ese momento, como si todo lo que hubiese pasado antes respondiese a otras normas y leyes, propias de lo incivilizado, de las tinieblas y tras Jobs empezase una era de luz y prosperidad. Qué corto de miras es eso.
Entender el diseño sin ver más allá de Jobs, sin entender al grupo Memphis o a la HfG de Ulm, a la Bauhaus y todo el movimiento moderno, el movimiento streamline, el romanticismo y sus derivas nacionalistas, no ver cómo los momentos económicos provocaron maneras de diseñar o cómo los filosóficos impregnaron a los políticos y eso hizo que creásemos casas, barrios y ciudades de una u otra forma. No entender ni estudiar nada de eso te hace ser un mero operario.
Por otro lado, Óscar cuestiona por qué el diseño digital sólo quiere saber de píxeles. La obsesión por el material y no por la función, por el soporte sin entender el propósito...
Todo esto me recuerda al mundo de la construcción y la arquitectura, que tan cerca tengo últimamente. Pienso en el rol del arquitecto, el del jefe de obra, el del albañil… En el reparto de autoritas y potestas, en cómo cuanto más subimos en la jerarquía de la creación constructiva, más entendimiento hay de lo económico, lo cultural y lo antropológico, mientras que cuando bajamos, cuando nos acercamos al albañil, sube el conocimiento del material y la técnica y baja el del propósito general.
Uno de los dos ejes del Instituto Tramontana es el que va del Intellige al Crea, de entender a hacer. No hay buena ejecución sin entendimiento del contexto, del propósito, del momento y de la cultura. Y no hay sentido en el estudio si no fecunda, si no se convierte en acto y creación.

No basta con enseñar métodos y herramientas. Tenemos que formar a creadores de productos que tengan autoritas; hacia el equipo, hacia los clientes y hacia la sociedad y el mercado. Esa autoritas, el reconocimiento, la legitimidad, se gana con sentido de propósito que irradia todos los actos, con estudio y con pensamiento que se traslada a todo lo que hacemos y a todos con quienes lo hacemos.
Mañana empezamos una obra en casa y otra en el refugio del campo; van a ser días de trasiego, polvareda y martillazos. Confieso que estoy algo asustado.