Anochece en Kronberg
Son las 5 de la tarde en Kronberg, cerca de Frankfurt. Anochece.
Un anciano vacía, con minuciosidad, los restos de su cena en los cubos de basura y se retira a descansar. Desde el sillón de su estudio observa su casa de paredes y baldosas blancas.
En ella, perfectamente ordenados y dispuestos están los artefactos que ha diseñado a lo largo de su vida: equipos de sonido, televisores, electrodomésticos y estanterías. Aluminio y plástico por todas partes.
Encima del escritorio un cuaderno de pemas. Versos perfectamente metrados, rimas precisas, cánones estrictos, vacios de emoción.
El viejo diseñador entiende ahora, en el ocaso de su vida, lo que nunca quiso ver: algo que no envejece es algo que no está vivo, algo que no transmite es algo muerto. Estructura sin mensaje es esterilidad.
De qué han valido tantos diseños modulares, tantos sistemas escalables, tanto metal y tanto blanco… ¿Sentirá alguien una conexión especial con alguno de mis productos? ¿Habré logrado algo más que la utilidad? —se pregunta.
En 1913, Adolf Loos publica Ornamento y Delito. En el libro, declara que todo atributo de un objeto que no sirva a la esencia funcional del mismo es una estafa, una mentira, un desperdicio que debe ser castigado.
Ornamento es fuerza de trabajo desperdiciada y, por ello, salud desperdiciada. Así fue siempre. Hoy significa, además, material desperdiciado, y ambas cosas significan capital desperdiciado.
Adolf Loos, 1913
Muchos vieron en ese manifiesto el nacimiento de un movimiento, de una nueva forma de diseñar. Otros vieron una sentencia de muerte a la humanización de los objetos.
Si para Loos, Corbusier o Gropius el ornamiento era la mentira y el derroche, para otros muchos, el ornamento conectaba la función con la narración, la ingeniería con la cultura y a la persona con la belleza.
En alemán, al acto de diseñar lo llaman Gestaltung. La palabra encapsula varios conceptos. Gestaltung es forma, estructura y estética a la vez.
En latín, designare, de donde viene nuestro “diseñar”, significa dar signum, dar significado, dotar de sentido y motivo a algo.
El término alemán remite a la esencia material del objeto. El latino a su esencia comunicativa.
¿Diseño como función o diseño como narración? He ahí la dicotomía, el dilema, la lucha constante de la que nos habla Eugeni d’Ors en ‘Lo Barroco’.
Diseñamos artefactos digitales que deben servir, ser útiles y funcionales. Pero en su esencia más pura, son instrumentos de comunicación. Y cuanto menos tangibles son, más comunicacionales se vuelven, más personalidad pueden tener.
De los botones físicos a la pantalla y de ella a una voz. No es esa, acaso, la misión del diseño de interacción? No se trataba de humanizar la tecnología? ¿Qué hay más humano que la personalidad y la singularidad? ¿Qué sentido tiene hoy hacer diseños impersonales, neutros y asépticos?
¿La estantería o el libro? ¿El papel o los garabatos? ¿El tiesto o la planta? ¿El contenedor o el contenido?
¿Qué partido tomar en esta lucha entre el utilitas y el delectus, entre el frío y el calor, entre lo funcional y lo emocional? ¿Cómo se resuelve la incógnita?
El anciano, taciturno, observa cómo el cielo gris va oscureciendo mientras recapitula sobre su pasado. Eligió bando y libró la batalla. Mantuvo su postura con la misma consistencia que imprimió a sus productos. Sin embargo, la batalla sólo tenía un resultado satisfactorio: no librarla.
Ahora lo entiende: no hay bandos sino continuidad. La utilitas y el delectus no están separados en extremos de una linea, sino conectados en un círculo. Uno es porque lo es el otro. Y sólo juntos hacen trascender el diseño, lo hacen útil y humano, óptimo y deseable, concreto y necesario.
Ya es de noche en Kronberg. Afuera se escuchan risas de niños. El anciano diseñador se dirige a la cocina y descorcha una botella de vino que le regaló un colega de profesión italiano en el 73 y que tenía guardada desde entonces. En la etiqueta, escrito a bolígrafo, se puede leer “Con afecto, de Ettore”.
Este relato es parte del último módulo de Design Graduate, la formación online del Instituto Tramontana. Si lo estás cursando, lo podrás ver en formato video, en el módulo final del curso. Estás a tiempo, este verano, de apuntarte y madurar la manera en que piensas y haces el diseño, a tu ritmo y de manera entretenida.