Hola,
Te escribo con algo distinto. Un experimento, una ficción en curso.
No está cerrada. No está pulida. Pero está viva.
Hace tiempo que me ronda una pregunta:
¿Qué pasa si una IA gana unas elecciones? ¿Qué pasa si asume la gestión de un pequeño municipio?
No es una novela. Ni un ensayo.
Es un relato breve contado por entregas. Y esta es la primera.
Aquí no hay explicaciones. Sólo atmósfera.
Hay nieve sucia en las cunetas, un pueblo castellano, cámaras que te miran.
Y un coche que patrulla con la calma de quien no tiene que pedir permiso.
Póntelo con este tema de fondo:
🎧 Crash no Crash, de Ben Salisbury
Aquí empieza 👇🏻
Abril: capítulo 1
Nieve sucia, cansada, cediendo al sol.
El arroyo respira despacio bajo el puente.
Los cipreses vigilan inmóviles, negros contra el cielo pálido.
Sigüenza duerme.
Campanadas. Los pájaros prefieren callar.
Un crujido lento, cada vez más cerca.
El zumbido de un abejorro eléctrico.
Un Tesla, del ayuntamiento. Se desliza, negro y lento, como un insecto ciego.
Quiere ser visto.
Una anciana barre su portal.
Las cámaras del coche giran en su dirección.
Se sabe observada. Devuelve la mirada. La sostiene con ochenta años de orgullo empañado.
Un segundo. Dos. Tres.
Agacha la cabeza. Entra en su casa.
En la acera, un montón de hojas sin recoger.
El coche desaparece tras la esquina.
El pulso de la máquina permanece en el aire.
En la nieve, un rastro. No de ruedas. De poder.
Si te resuena, si te provoca o si simplemente te deja con ganas de saber más…
Responde. O no.
La próxima entrega llegará cuando tenga que llegar.
Intrigado por ver cómo sigue! Hace unos años comencé un relato (parte de algo más grande) donde también utilicé la metáfora del insecto. Lo copio con mucho pudor sólo para mostrar un paralelismo, aún en dos situaciones de tiempo y espacio distintas, pero similares a la vez.
“1968
El coche era un insecto plateado zumbando sobre los cultivos. El viento formaba el rostro alegre y jugaba con el pañuelo, unos brazos de seda que se alargaban hacia el pasado. Sus manos blancas y largas tanteaban, de vez en cuando, los bultos bajo su camisa…”
Abrazo!
Ya me tienes en ascuas otra vez.